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lunes, 13 de septiembre de 2010

La difícil profesión del profesor

Hace unos días le comentaba a un amigo que yo, por lo general, siempre había tenido suerte con mis profesores. Claro que hay almas cándidas en todas partes que te pueden hacer una clase insufrible, pero cuando te encuentras a uno bueno, vale por tres.

Recuerdo perfectamente las charlas apasionadas de mi profesor de Literatura. Él no leía, interpretaba los textos. Su voz te envolvía sumiéndote en una especie de trance y dejabas la clase atrás.
Nadie hablaba, porque todos estábamos sobrecogidos, escuchando versos o entendiendo textos que antes nos hubiesen parecido infumables. Me sentía una más en "El club de los poetas muertos" y salía del aula aletargada declamando "Oh, capitán, mi capitán".
Sus exámenes no eran fáciles de aprobar, no quería que volcaras tus conocimientos, quería que le inspiraras y había que engancharlo con la fuerza de tus palabras, aunque se tratase de un simple análisis.
Era exigente, pero nunca llegué tan lejos como cuando él salía a la palestra.

Igual que él, mis profesores de Historia me inyectaron el gusanillo de la investigación, la infinita curiosidad y la reflexión continua. Supe por qué el mundo era como era. La globalización estaba permanentemente en mi vocabulario. Seguí de cerca a Oriente Medio, EEUU, Rusia... Combatí en múltiples guerras y en otros tiempos, vi cómo se resolvían catástrofes económicas, cómo se ganaban derechos y libertades ficticios, a los que muchos aún no pueden acceder, por qué existen las fronteras y todos los intereses ocultos que establecen las reglas del juego.
En Antropología me atraparon las perspectivas que pueden dar otras culturas -pese a que Europa considere que algunos pueblos aún no han evolucionado como los occidentales-, además de la belleza y el significado de los mitos.
La Sociología me abrió las puertas de la mente humana y sus complicados entresijos; el cine y la fotografía me enseñaron a ver por primera vez; la filosofía, a pensar en abstracto; la ciencia, a descubrir las leyes de la naturaleza, etc., etc., etc.

Es cierto que soy una persona a la que le gusta sacar el máximo provecho a todo lo que hago y que hasta donde parece imposible, encuentro algo interesante, pero creo que cuidar nuestros conocimientos es un deber, además de un derecho.

Que la Educación sea pública y se imparta en igualdad para todos es un lujo, si comparamos España con países como Afganistán, la India, Perú, el Congo... donde muchos niños darían lo que fuese por ese privilegio. En su lugar, tienen que trabajar en lo que sea para ayudar a sus familias a salir adelante, si las tienen, si no, luchan por ellos mismos.

Yo soy licenciada y ahora no encuentro trabajo, pero mis años de estudiante fueron el mejor regalo que podían haberme hecho jamás. No me imagino lo que sería estar en la misma situación sin todo aquello que me enseñaron. Las desgracias parecerían peores sin el consuelo que ahora me da el arte y los problemas me comerían viva al no saber buscar soluciones. No hay nada, de ninguna asignatura, que no me haya servido en el día a día.

Por eso, no puedo entender que a mi mail puedan llegar cartas como ésta, de una profesora desesperada ante el retroceso social en materia de cultura en el que estamos inmersos.
Me la pasó Carapuchiña y no pude comprobar las fuentes, puesto que es un mensaje en cadena, pero sea cierta o no, creo que es una reflexión muy buena que debería tenerse en cuenta. Dicho esto, la transcribo a continuación:


El síndrome Belén Esteban*

Como profesora, las preguntas de los alumnos que más me cuesta responder convincentemente son sobre porqué hay que estudiar cosas que a ellos les parecen inútiles o absurdas, como la Historia o la Geografía. Yo tengo claro qué me aportan a mí, pero de todas las razones que hay para estudiar estas cosas, yo les hago hincapié en lo necesarias que son estas disciplinas para comprender el mundo en el que viven: las coordenadas de espacio y tiempo, que al fin y al cabo son las que tratan la Geografía y la Historia , nos ayudan a conocer el sitio que ocupamos en el mundo y a comprender de dónde vienen todas nuestras realidades. Que todo eso les puede parecer ajeno y absurdo, pero que muchas de las cosas que estudian tienen que ver con su vida real y que, quieran o no, les afectan. 




Por ejemplo, ¿quieres saber por qué tienes a tu lado a un compañero que viene de Ecuador? ¿por qué habla el mismo idioma que tú? ¿quieres entender por qué un señor, por nacer con el apellido Borbón, va a ser "rey" y el Estado Español le va a dar mucha pasta (que vendrá de los impuestos que tú pagues de mayor)? ¿por qué lo que digan unos señores europeos en Bruselas va a repercutir - y mucho - en tu vida? Todo eso es geografía. Todo eso es Historia.

Algunos entienden qué quiero decir, otros no. Yo no llevo mal las preguntas, las protestas... son críos. Es normal. Donde me desarman del todo y me dejan sin respuestas es cuando me dicen que todo eso les da igual. Que para qué quieren saber dónde está Marruecos, si no van a ir nunca. Para qué conocer el tipo de elecciones que hay en España, si ellos no tienen la intención de votar jamás. Que les resbala que haya una guerra en Irak, que media África se esté muriendo de hambre o que la Unión Europea diga "bla". Si ni siquiera les interesa eso, imaginaos lo complicado que me resulta hacer que se interesen por lo que hacían señores de hace cinco siglos, por muy apasionante que yo intente pintarlo.

Y, Lo que llevo peor con diferencia, es esa actitud de orgullo con el que exhiben su ignorancia y su cortedad de miras. Esa actitud de "no sirve para nada, no me interesa. Eso que cuentas y a lo que dedicas tu vida es una mierda. Yo quiero jugar a la Play / irme de compras al Centro Comercial y ya". La tienen conmigo, que enseño Historia, pero también que los profes de lengua, de biología, de matemáticas. El desprecio por los libros, por el Arte, por la Cultura , por las Ciencias... no es algo tan raro, y puede conmigo.

Últimamente esa actitud está más de moda que nunca. Tenemos una perfecta encarnación en la dichosa Belén Esteban, que no sabe nada, no quiere saber nada y se jacta de ello. La mala educación, la zafiedad y la ignorancia puestos en un pedestal día tras día. Todo el mundo la aplaude porque ella es "auténtica" (signifique lo que signifique eso). Conozco a mucha gente a la que le gusta ver a la Esteban y es curioso, porque hay toda clase de personas entre su público. Entre ellos, los que más me llaman la atención son dos tipos: la gente que tiene (o cree que tiene) más educación que ella y la ve como un divertimento, incluso algunos como un consuelo (yo soy mejor que ella), o los que son como ella, que han visto como la ignorancia y la mala educación también te pueden hacer triunfar en la vida y que hay que sentirse orgulloso de ello. Eso me da miedo: que se extienda y que sirva de ejemplo a más bobos, que opinen que el no saber nada es estupendo. Que el presumir de ser zafio e inculto se convierta en políticamente correcto y sea bien visto.








"Eh, que yo no quiero ayuda de nadie, que no necesito ayuda, leche" dice la Esteban en un momento de estos cuatro minutos de despropósitos. "Como yo no he pillado esa revolución -la industrial- tres narices me importa" -un argumento que podría haber empleado uno de mis peores alumnos.
En fin... lo grande es que estoy convencida de que la mayor parte del público (y muchos de los de las mesas) no tenían ni idea de que la chica estaba metiendo la zarpa hasta el fondo y más allá y reían y aplaudían porque lo decía el regidor.

Entendedme: yo no critico a la gente que no sabe. Yo no sé mucho de tantísimas cosas... tampoco creo que tenga que ser motivo de vergüenza el no haber estudiado, el no hablar correctamente o el tener lagunas de conocimiento. Lo que me revienta es la actitud contraria, la exhibición con orgullo de la ignorancia y el menosprecio a cualquier cosa que huela a sapiencia. Me duele el desprecio a la educación, en todos sus sentidos. Me duele... y me da una pena que me muero. 


A mí también.

*Belén Esteban es la ex mujer del torero Jesulín de Ubrique, la chica delgada y teñida de rubio que aparece en el vídeo de Youtube. La razón de su importancia para que salga en la televisión, aparte de casarse con el diestro, se basa en que ella misma, con su pobre vocabulario y su incultura, se erige como representante del ciudadano medio en numerosos debates y tertulias televisivas.
Por desgracia, es más conocida en España que el escritor portugués José Saramago, que murió recientemente, por poner un ejemplo (foto dcha.)

jueves, 9 de septiembre de 2010

La tarde para mí

Esta mañana la pasé escuchando discursos sobre prevención de riesgos laborales.
No, no estoy loca. Todavía no encuentro ninguna satisfacción en saber qué tipos de andamios hay, cómo debe ser el arnés para hacer trabajos en las alturas o conocer los efectos de una lista interminable de sustancias químicas, entre otras muchas maravillas. Sobre todo, cuando el curso que hago es de diseño gráfico.
Aunque bueno, quién sabe, tal y como están las exigencias en Infojobs...

- Así que Laura -comentaría el entrevistador- Licenciada, con máster, idiomas, cursos de informática... Conocimientos de diseño web, diseño gráfico, redes sociales, blogs... Mmmm... Todo esto está muy bien, pero... ¿sabe hacer el pino puente?
- ¿Cómo? -diría desconcertada.
- Sí, el pino puente. Verá, es que... No se lo tome a mal, pero son muchos candidatos y muy buenos, así que pensamos quedarnos con aquel que sea capaz de hacerlo. Es... simplemente una forma de descartar.

 Foto de Selena, publicada en http://esp.funiacs.com/fotos-comicas/18844/Gatita+gimnasta

- Ah, pues... no, no sé hacerlo.
- ¡Oh, cuánto lo siento...!
- Pero sé qué tipo de arnés se necesita para pintar una fachada.
- ¿En serio? ¡No me diga!
- Sí, y también sé cómo prevenir incendios.
- ¡Vaya! ¡Estoy impresionado!
- ¿Síii?, ¿me contrata?
- Bueno, pues... dadas las circunstancias, tendré que decirle que... no, no es lo que buscábamos, pero puedo asegurarle que la tendremos muy en cuenta. Es más, casi podría garantizar que la pondremos de finalista. Qué me dice.
- ¿De verdad? ¿De finalista? ¡Qué honor! Es lo máximo a lo que he aspirado hasta ahora.

En fin, esperemos que este diálogo nunca se produzca, por el bien de la humanidad, pero los riesgos laborales tengo que estudiarlos igual, quiera o no.
Es una iniciativa de la Xunta. Como desempleado puedes hacer cursos de formación gratuitos, pero también estás obligado a hacer un módulo de Igualdad, Medio Ambiente o éste de Prevención. Si no, no te dan el título.
Los dos primeros días fueron insufribles, para mí y para toda la clase, porque, aunque el aula tiene ordenadores, se colgó el acceso a Internet (#&%$=# compañías telefónicas), así que nadie sabía qué hacer para sobrellevar aquel soberano aburrimiento de cinco horas de leyes, normativa, etc.
Hoy, afortunadamente, los informáticos lo arreglaron y fue como un regalo caído del cielo. Hice tantas y tantas gestiones online que tenía pendientes, que hasta llegó un punto en que las tuve que inventar. Cualquier cosa por estar ocupada.
No es que no hiciera caso a la profesora, intervenía de vez en cuando, pero con un tema tan apasionante el cerebro parece expandirse y te pide más y más información paralela. Vamos, que puedo hacer varias cosas a la vez. Sin problema.
Pero, a lo que iba, que acabé tan saturada, que hoy me fui a pasear. Ahí se quedó el ordenador en casa, el cuadro al que ayer dediqué cuatro horas y el bloc de notas también, esta vez, con la enciclopedia encima.

- Me voy de tiendas -me dije.

Y fui a comprar tinta para la impresora.

Cobro el paro, tengo que evaluar mis necesidades y decidir qué es lo primordial, aunque -no voy a mentir- me guste la ropa.
Abrir el armario y decidir qué me voy a poner es un placer, como jugar a las mariquitas (muñecas recortables).
Los colores me motivan mucho. No me siento igual el día que me visto de amarillo, que el que llevo rosa. Pero hay que comprar "con xeito", es decir, con cabeza. Si no se puede, no se puede.
Pese a todo, una es coqueta y desfila por las tiendas capturando ideas. De momento, por mirar no cobran y la imaginación también viste.
Así que echando un ojo, aprendí cómo se pueden hacer flores con cremalleras, diademas con plumas, customizar una camiseta vieja con botones, aprovechar un coletero para decorar una chaqueta Y, reciclar temporadas pasadas y colarlas como -parafraseando a la Vogue- prendas IN.


 Mariquita recortable. Imagen publicada en: http://agrifonte.com/reinodelguisante/wp-content/guisantes/2008/02/mariquita.jpeg

Es más divertido eso, que tener cosas nuevas.

Sin embargo, estoy en contra de la catalogación social que supone "disfrazarse" de una manera o de otra.
Lo digo por la cantidad de gente que no es valorada o aceptada por su forma de vestir.
Hoy me crucé con una señora bajita y gruesa, con jersey a rayas violetas y verdes y una falda de tubo que le subía hasta el pecho, intentando que fuese atendida en unos grandes almacenes.
Después de pasar de ella varias veces, le contestaron de forma seca y rotunda y ni siquiera la miraron a la cara cuando le estaban cobrando.
Es una persona, aparte de su cliente, por las dos cosas se merece un respeto. ¿Qué memeces son ésas?
Pero así es, la imagen lo es todo, porque nos hemos vuelto idiotas.

Además, me preocupa sinceramente la mecanicidad de aquellos que entran en un centro comercial.
Hay padres que se olvidan de sus hijos. Me los he encontrado solos, a varios metros de ellos, mientras sus progenitores escarbaban en las gangas. Me gusta guiñarles el ojo y sonreírles, cómplice de su hastío. Cualquier día me los llevo, como el flautista de Hamelin. Después los devolvería, pero por lo menos que los padres supieran lo que es un susto, a ver si se daban cuenta de que un niño es una responsabilidad.

También vi a un chico en silla de ruedas, esperando solo frente a los probadores de mujer, cargado de ropa femenina, como si fuese un perchero.
Intentó moverse en el reducido pasillo para dejarme pasar.

- Perdona -me dijo.
- Tranquilo, voy por allí -contesté señalando otra parte.

Otras chicas no tuvieron esa consideración y pasaron delante de él, esquivándolo con dificultad y casi dándole con el bolso, porque allí había unas chaquetas "chulísimas".
Juro que ni le veían.

Y por último está toda esa tontería de tirar lo que ya no se lleva. Hay personas que vacían cada temporada el armario de ropa que está casi sin usar, porque ahora hay que ponerse pantalones pitillo, pirata, leggins o la funda de la plancha. ¡Pues yo los tengo normales, de tiro flojo y cintura alta! Son de los años noventa, muchísimo más cómodos ¡¡¡Y NO SE ME VE LA RAJA DEL CULO!!!
Si es que hay cosas incongruentes, por Dios, apliquemos la lógica.

Pero ante todo y en estos casos, como me contaron una vez mis padres, tengamos siempre presente que: "El hombre más feliz del mundo no tenía camisa".

lunes, 6 de septiembre de 2010

Septiembre

Desde que empezó el mes no paro de oír comentarios en contra de él. "Horror, es el fin del verano", "Se acaban las vacaciones", "Ya viene la lluvia", etc.
Yo no puedo opinar lo mismo. Para mí, es uno de los mejores meses del año.

 Playa de Nemiña (Fotografía publicada en: www.laxe.net/Laxe Excursion al Faro de Tourinan.htm)

El buen tiempo continúa, incluso es mejor que en julio. De hecho, cuando tenía que pedir las vacaciones en el trabajo siempre me quedaba con septiembre y en cinco años, no he tenido queja.
Además, es temporada baja, así que pagas bastante menos por el alojamiento y no tropiezas con turistas cada dos por tres.

Es mi mes viajero por excelencia. 

En segundo lugar, tras un agosto de parálisis total, el mundo empieza a moverse y con él, la actividad cultural. Vuelven las excursiones del Ayuntamiento, los talleres, el cine gratuito, las conferencias y mil y una razones más para no quedarse en casa.

También es el mes de las matriculaciones, en el que decides si entrar en la Escuela de Idiomas, hacer un postgrado (este año también hay subvenciones para parados), una nueva carrera por la UNED, cursos del Servicio Público de Empleo y derivados.

La agenda se llena de planes nuevos y mis revoluciones se disparan. Broum, broum!!!

Por otro lado, los niños vuelven al cole, con lo que los pequeños salvajes tienen cosas que hacer y no revolotean haciendo travesuras por la jungla.
Yo no tengo hijos, pero al lado de mi casa hay un colegio y la verdad es que me anima mucho abrir la ventana y oírlos berrear en el patio.
Cuando suena la sirena (siempre con alguna pieza de música clásica -cosas de la directora y que yo agradezco-) sé que son las once y media, hora del café; o la una de la tarde, y que mi madre estará a punto de llegar con la compra.

Tampoco me gusta que se acabe agosto y ¡zasca!, que venga el invierno de golpe. Nooooo... Septiembre está para que te despidas poco a poco, que disfrutes de algunos días más de playa, mientras te vas organizando. Es como un chicle, justo antes de que empiece a perder el sabor. Como no quieres que se acabe, lo masticas más despacio.
Los que empiezan a trabajar, pueden hacer cosas diferentes en sus días libres, para no romper del todo con el verano. Aún hay luz por las tardes hasta noviembre, las temperaturas ya no son agobiantes y los atardeceres son más bonitos.

Como el que estoy viendo ahora.

viernes, 27 de agosto de 2010

Mano negra

Mi bloc de notas, no me deja en paz. Me protesta todos los días:

- ¿Qué diablos estás haciendo? Cada vez estoy más lleno. Me salen las historias por las orejas. Y tú ahí, tan tranquila. Voy a tener que ir al médico por empacho de palabras, ¡pero nada!, ¡a ti te da igual! ¡¡Total, el que carga con el peso soy yo!! ¡Nada, nada! A seguir así, a vivir, pasando de todo, porque...

¡PLUM!

- Ahí tienes, los dos tomos de la RAE. Así te indigestes.
- ¡¡¡Mmmamndnamdnadasbdsuaf!!! -farfulla malamente.
- ¿Cómo? ¿Qué dices? Parece que no puedo oírte.
- ¡¡¡¡¡¡MAHFDJHFDJGSSFGFBFG!!!!!!
- Uyyy, me parece a mí que tengo una estupenda enciclopedia de la Historia de España que...
- ...
- Eso está mejor, vamos aprendiendo. Sí, sí.

Ayyy... Tiene razón, si en el fondo es a mí quien más me duele el estar así, sin poder escribir lo que quiero, pero el amor se interpone.
Bieito tiene que hacer un trabajo sobre la geografía regional gallega y le hace falta una mano negra, así que ya he restregado la mía en la carbonilla.
El pobre estudia Teleco y no se le ocurrió más que coger una asignatura de libre elección de la facultad de Historia que se podía aprobar con un trabajo, para quitársela de encima. Pero la redacción de los de ciencias no está al nivel de una persona de letras, así que le ha quedado para septiembre.

- Quiero tus reflexiones propias -le dijo el profesor- no datos copiados de un libro.

Y ahí entro yo, para echarle literatura al tema, mientras él prepara las dos troncales que le quedan para sacarse el título.
A estas alturas, buscando información sobre la economía gallega, la industria, turismo, demografía... Todo tiene que estar listo en dos días.
Sí, el señorito podría haber empezado antes, ¡pero es que ya lo hizo! Desde julio está con el dichoso trabajo y aún va por la mitad. Le cuesta un ojo de la cara sacar un párrafo a derechas y a este ritmo no está estudiando las otras asignaturas.

Aún por encima, estuve con migraña estos días y mañana tengo una boda.

- ¡Qué! ¿Te vale como explicación?
- Ñññññññññññ -gruñe mi bloc, pero ahora está más tranquilo.
- Y mi amiga Geli ha tenido el bebé, así que también tendré que ir a verlo.
- Mmmm
- Vas a tener que seguir acumulando historias.
- Mmmm
- Te voy a quitar los diccionarios de encima, ¿vas a estar callado?
- Mm -asiente como puede.
- ¿Mejor? -le preguntó retirando los libros.
- Está bien, pero al menos podías llevarme en un bolso más grande, que ese hippy que tienes me asfixia.
- El caso es protestar. Bueno, te meto en el blanco. Toma, engánchate el boli en las anillas.
- ¡No, eso sí que no! ¿¡Encima tengo que aguantar a este sueltatintas?!

- Eeeehhh, sim faltar -contesta el bolígrafo- que son militante do PSD de Portugal.
- ¡Aún peor! ¡De propaganda política!
- Parece me que vou chamar ao meu amigo o isqueiro* e imos ter boa feria** -amenaza el boli.
- ¡Bueno, son las cinco! Bieito me está esperando en su casa para hacer el trabajo. No he podido dormir la siesta por vuestra culpa y me tengo que ir, así que ya podéis callaros u os prendo fuego a los dos.
- Uuuuhhh... ¡Tranquila!, que aquí todos somos companheiros. Que bloco, imos ao saco?
- Iremos.
- Ffffff... Santa paciencia.

* isqueiro: en portugués, mechero
**feria: fiesta

miércoles, 25 de agosto de 2010

En la calle


Es una foto muy mala, la saqué hoy con el móvil mientras volvía para casa con Carapuchiña y Catuxa. Debatíamos sobre la lucha entre el grande y el pequeño comercio. El asunto surgió porque Carapuchiña vio, en un catálogo de un hipermercado, que vendían cuatro cinco barras de pegamento "Aguachinau" a un euro con algo, por la campaña de "Vuelta al cole".

- ¿Por qué tengo que comprar cinco barras cuando sólo voy a usar una? -protestaba indignada- ¡Nos están incitando al consumismo! Por ese precio podría ir a un kiosco y comprar una barra de pegamento Pritt.
Vale, me llevaría sólo una, pero tengo la garantía de calidad de la marca. ¿Quién sabe si esas otras barras van a pegar? ¿Y cuántos años tardaría en gastarlas? Podría morirme y seguiría teniendo pegamento, o no, porque a lo mejor se secan antes y no funcionan. ¡¡¡Qué sentido tiene todo esto!!!
Al final las compramos porque es una buena oferta y llenamos el carro. Si realmente lo necesitamos, es otra historia.

Desde luego, la conversación era interesante, iba sumida en ella hasta que lo vi.
Ese cartel de ahí arriba, el rojo, aunque no se aprecie muy bien su color.
"Vaya, aquí estás", pensé, "Cómo no. Tan oportuno".

No tengo ni idea de quien lo colgó, si es una iniciativa personal o empresarial, me da igual. El caso es que cada vez que lo veo, se me disparan las endorfinas.

Lleva tiempo ahí, es un viejo amigo de mis paseos por la ciudad.
A veces me olvido de él, porque voy por la otra acera para evitar comerme el humo de los coches (está justo al lado de un paso elevado de una de las avenidas con más tráfico), pero otras, el azar me lleva por su camino y el reencuentro vale por dos.

Es curioso porque da la casualidad de que cuando ando por esta zona siempre pienso en temas serios.
Será que desde ese lugar se ve el puerto y me pongo sensible. Entonces, levanto la cabeza y me lo encuentro de frente.

"Ríe y haz reír", qué sencillo y a la vez qué difícil,
pero ¡CHAS!, los dientes salen de repente,
sin proponérmelo.
                            Bobita perdida.


Por estas cosas, pagaría. Por esto y por las reflexiones de Carapuchiña.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Construya su propia pirámide

Hoy en clase el profesor habló de la pirámide de Maslow y analizó las necesidades que una persona debe satisfacer para lograr la autorrealización y la felicidad, según el nivel en el que se encuentre.
La teoría que este psicólogo humanista estableció en 1934 todavía se utiliza hoy en márketing a la hora de diseñar una campaña.


La escala puede variar en función de los intereses del individuo. Como comentamos en el aula, hay gente que valora más tener un Rolex de oro, que tener amigos, o a la inversa. En ello intervendrán otras variables como el tipo de educación que hayamos recibido, cómo haya sido nuestra niñez, nuestras experiencias... Pero normalmente tenderemos a cubrir primero las necesidades físicas e iremos ascendiendo hasta llegar a aspectos de corte psicológico, espiritual, etc.
También pueden darse interacciones entre varios estadios, por ejemplo, si nos sentimos inseguros, es probable que no podamos dormir. Todo está relacionado.

Bueno, pues después de escuchar la teoría, se me ocurrió pasar a la práctica y nada tenía ni pies ni cabeza.
Por más que miraba y miraba el triángulo, no encontraba mi lugar. ¿Cómo se puede establecer un esquema de lo que es o pretendes que sea tu vida?
Por ejemplo, yo tengo completos el primer estadio, el tercero y el quinto. ¿Cómo se come eso? ¿No tiene que ser una evolución natural? ¿o puedes ir a saltitos?
Y en mi caso en concreto, ¿por no tener todas las fases, no puedo ser feliz?
Anda-anda-anda

Yo no conozco a nadie que sea capaz de cumplir todos estos requisitos. Hasta aquellas personas que parecen tenerlo todo albergan un motivo de queja o de preocupación.
Nuestra necesidad innata de evolucionar permanentemente nos condiciona para sentirnos frustrados, hagamos lo que hagamos.

En cierta manera, es útil, porque gracias a ello no nos conformamos e intentamos cambiar las cosas para mejor. Crecemos mentalmente en ese proceso. Pero también es peligroso, porque podemos caer en la trampa de no saber disfrutar de nuestros logros.

Por desgracia, desde pequeñitos nos han preparado para triunfar y con el ansia de la juventud diseñamos un futuro maravilloso que es muy posible que no se cumpla. ¿Quién te enseña la derrota? Nadie, pero tendrás que lidiar con ella. Y en ese árido desierto, estarás solo, porque es una lucha interior.
Es aquí donde me peleo con la pirámide.

¡Claro que puedes ser feliz aunque te falten algunos escalones! Sólo tienes que saber qué cosas puedes cambiar para conseguirlo y cuáles no, qué es lo que depende de ti y qué no.

Vamos a ver. Vuelvo a ponerme a mí como base de mi argumento.
Yo no tengo trabajo, por lo tanto, no cumplo ni la zona 2 ni la 4.
Podría agobiarme, comerme la cabeza, dar vueltas en la cama, dejar de salir con mis amigos... ¿Pero eso alteraría mi situación?
Más allá de agarrar una depresión del quince, no.
Paso de rollos ¿Qué puedo hacer? 
Aumentar mi formación; seguir una política activa de búsqueda de empleo (estar pendiente de las noticias, las redes sociales, bolsas de trabajo, conocidos); cultivar mis aficiones -aportan más cosas de las que parece- y cuidar mis lazos afectivos, ya que son mi apoyo moral y mi motivación.
Aún así, no encuentro trabajo.
Vale, eso ya no depende de nosotros, son causas externas.


Estamos sumidos en una crisis económica que va a hacer esto muy difícil. No vamos a intentar tirar molinos de viento, pero es muy posible que al mantener la actitud positiva de antes, acabemos por salir del atolladero y a lo mejor, hasta nos cargamos una de las aspas.

Desde luego, hay que tener en cuenta que el camino para conquistar esos estadios de los que no disponemos va a ser largo, es conveniente hacerse a la idea, pero a cada pasito que demos, tenemos que hacer una fiesta. No hay que dejarlo pasar, porque tiene mucho mérito. Por insignificante que resulte, nos ayudará a seguir adelante cuando lo más fácil es retroceder y esconderse.

Además, pensar y tener en cuenta siempre aquello con lo que ya contamos, nos acerca mucho más a ese pico del triángulo. Aunque no coloquemos algunas piedras, podemos llegar hasta arriba igual.
Por suerte, todos guardamos algo que nos hace felices, disfrutar de ello sólo depende de nosotros.

sábado, 14 de agosto de 2010

Sorry. I'm late

 

Si me pusiera este logo en la camiseta, cuánto mejor me iría. "Lo siento. llego tarde".
Por lo menos me ahorraría el tener que pedir disculpas por sistema.
Soy un desastre. Es verdad, lo reconozco.
Me gusta ser puntual, pero también hacer cien mil cosas a la vez y claro, todo no se puede.

Esta semana se ha parecido a una película de Jim Carrey, ésa en la que el protagonista está condenado a decir que sí a todo, le guste o no.
A mí no me hacen falta condenas, ya soy así yo de espontánea.

Empecé el lunes llegando tarde al curso de diseño gráfico. Entro a las nueve de la mañana y da igual que ponga el despertador a las ocho. Abro un ojo, le digo "Ya voyy, ya voyyyy" mientras lo apago para que deje de protestar y me vuelvo a dormir.
Así hasta las 8.45, cuando miro el reloj y salgo en estampida buscando los pantalones para ponerlos al revés, maldecir los calcetines porque sólo tengo uno de cada par y resbalar con la alfombra por llevar los pies descalzos (¡¡¡"## &%$%=¬&!!!).

Me quedan cinco minutos para echarme agua fría en la cara, ponerme bien los pantalones, llamar al ascensor, aguantar la puerta de la calle abierta con un pie para oírlo venir y tragar un café cargado de golpe estirándome para llegar a la cafetera.

Un día de éstos tengo que enviar mi currículum al circo.

Cuando aterrizo en clase son las 9.15.
Porque soy una Räikkönen, que si no...


Normalmente, hay que hacer alguna práctica de dibujo o fotografía y el profesor deja un margen de dos días, día y medio... A mí me lleva una hora o dos.
Así aprovecho y busco trabajo, miro los mails, consulto LinkedIn y hago algún comentario en el Facebook. Si aún tengo un hueco, me pongo a escribir en el blog.
Todo para tener la tarde libre.

Pero para qué, para nada, porque nunca está libre.

Llevo toda la semana diciéndome "Tengo que pintar el cuadro. Tengo que pintar el cuadro", cuando desconecto, viene mi padre y me dice: "Tienes que pintar el cuadro".
Lo sé y quiero hacerlo, pero para sacar las pinturas, ponerme el mandil y hacer algo que merezca la pena necesito dos horas, dos malditas horas, Y NO LAS ENCUENTRO.

Esa misma tarde había quedado con Inma para llevarle a Geli los regalos para el bebé que va a tener. Venía a las seis a buscarme y quería dormir antes la siesta. Eran las cuatro y empezaba a coger el sueño.
Suena el teléfono, es para mí. Vuelvo a intentarlo, vuelve a sonar el teléfono, también es para mí. Cuando suena por tercera vez y es para mí de nuevo, es Bieito, que si me voy a tomar un café con él, antes de que se ponga a estudiar.

- No puedo, churri -le respondo resignada- Son las cinco y tengo que comprar unas cajas bonitas para meter los regalos de Geli en ellas antes de que venga Inma. ¿Me acompañas?

Ahí vamos, a una tienda de cajas. Torres enteras de estampados y formas diferentes. Evidentemente, las que nos gustan, de perros y gatos, están en el estante de arriba de todo.

- Creo que voy a llamar a la dependienta -sugiero arqueando la cabeza hasta el infinito y más allá.

Cuando llego a casa con las bolsas, justo después de despedirme de Bieito, me suena el móvil. Inma ya está en mi portal. Cargamos todo y nos vamos a Castro de Elviña.

Es la primera vez que una amiga mía tiene un bebé y somos cinco a regalar, así que le compramos: una cuna de viaje, un colchón, baberos, chupetes, mordedores, pañales, toallitas húmedas, crema, gel de baño, champú, un absorbe mocos -sí un absorbe mocos, al parecer los chiquitines no saben sonarse y no les valen los kleenex-, colonia, bodies y un bono de masaje relajante para la mamá.
...

Ya. Nos pasamos.
Nos pasamos tres pueblos, pero es que no entendemos mucho de bebés y mejor que tenga de más que de menos, ¿no?

En fin, que estuvimos carretando paquetes por las escaleras durante dos pisos hasta llenar la mesa del comedor de nuestra amiga.

- Pero mujeres, ¿qué habéis hecho? -nos compadeció mirando la columna de cajas.
- Eeeehhh... ¿regalo de bautizo también? -le pregunto a ver si cuela.

Después de unas horas desempaquetando y sacando fotos nos fuimos a tomar un té a la sala.

 

Geli tiene una tetera marroquí con vasitos de cristal de colores.
Cualquier cosa que salga de ahí sabe a gloria, pero es que además compra tés especiales al peso.
El de ese día creo que era pakistaní y tenía un regustillo picante al final que te espabilaba los sentidos.
Estuvimos hablando sobre el desconcertante mundo de la maternidad, un poco de política, periodismo... De todas esas cosas de las que hablan las mujeres y no salen en las revistas femeninas.

Entre medias, me acordé de que tenía que pegar unas piedrecitas en las sandalias que había comprado porque se me habían caído y Geli tiene una cola especial para eso, así que también hicimos manualidades.
El problema surgió cuando me di cuenta de que el pegamento tardaba doce horas en secar y tenía que volver a mi casa, a ser posible, calzada.

- Aquí pone que en tres horas ya empieza a fijarse con intensidad -aclara Geli.
- Bueno, pues esperaremos un rato -interviene Inma.

Nos quedamos parloteando hasta las diez de la noche, pero ya había que cenar.

- ¿Qué vas a hacer? ¿Habrán secado ya? -me preguntan.
- Malo será. Vamos a probar.

Las piedras estaban más o menos fijas, pero van sobre una tira que recorre longitudinalmente el largo del pie por el medio, así que cuando lo doblo para andar...

- ¡¡Aaaaaahhhh, Laura, qué haces, se te van a caer!! -me gritó Geli. Habíamos tardado media hora en arreglarlas.
- ¡Mierda, pues tengo que volver a casa!
- Te dejo unas chanclas, espera.
- No, que tengo que conducir y voy a ir incómoda. Calzas más número que yo. No te preocupes, intentaré no doblar el pie.
- ¡¡Pero cómo no lo vas a doblar!! -dice Inma- Es imposible.
- ¡Pues cómo va a ser, tendré que andar como los patos!
- ¿¡Qué!?
- Así, ¿no ves? -dije moviendo el culo a los lados, sin usar las rodillas.

Ambas estaban tiradas por los suelos.

- ¡Espera, que te grabo en vídeo! -se le ocurrió a Geli.
- ¡Ni hablar! -solté mientras corría por el pasillo de la casa lo más rápido que podía, empeorando la situación.

No podían con la risa.

- Tienes que bajar las escaleras.
- ¡Pues las bajo a saltitos!

Después de otro cuarto de hora siendo el pitorreo absoluto, llegué al coche.
¡JA, pero mis sandalias estaban perfectas!

Cuando entré en casa, la cena casi estaba lista. Aproveché para ir cerrando las persianas, preparar la ropa para el día siguiente y deshacer la cama.
"Hoy me acostaré a las once", me dije.
A esa hora me llamó Bieito, me preguntó por Geli, me contó sus aventuras en el club...
¡Hala, ya son las doce!
Me puse el pijama y me acosté. Iba a dormir, pero se me abrió el ojillo izquierdo:

- Y si leo un ratito... Un ratiiito -me disculpé a la vez que buscaba en la mesilla "El nombre del viento".

Dos capítulos más tarde...

- ¡¡Bffffffffffff!! ¡¡Las dos!! ¡¡$%&##, mañana no me saca de la cama ni Dios!! ¡¡Siempre igual, siempre igual!! ¡¡Y no he pintado el cuadro, ni he escrito en el blog, ni he ido a la tintorería y tengo que acompañar a mi madre a mirar un traje para la boda y recoger las gafas en la óptica y pasar por el Mercadona y...!! ¡¿6%&$")#, PERO QUE $%&## HAGO CON EL TIEMPO?!

Ahora sumad cinco días más a ese ritmo y entenderéis por qué estoy agotada.