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miércoles, 30 de junio de 2010

Cuando crees que me ves...

Tengo el don de la invisibilidad.
Sí, sí, puedo hacer uso de él cuando quiera. El problema es que si me paso, al final, si necesito que me presten atención, ya es demasiado tarde.
Sin embargo, con el tiempo, aprendí a utilizarlo con moderación y sólo lo saco a relucir en ciertos momentos.
Hoy mismo, sin ir más lejos. Estaba tan cansada después de tanta jarana, que lo único que me apetecía era hundirme en la playa y desaparecer.
Emprendí la marcha ataviada con mi pichi vaquero y mi bolso multifunción, dispuesta a relajarme, cuando una marea humana surgió de la nada al acercarme a la costa.


Niños, sombrillas, parloteos, toallas del todo a cien... Bfff y yo que pensaba que Galicia era diferente.
Acababa de llegar y ya tenía que dar saltitos cual bailarina profesional de ballet para no pisar a nadie.
No lo dudé mucho tiempo, en dos segundos reducí mentalmente mi opacidad y activé el visor de precisión en busca de un metro cuadrado.
Mis alarmas se activaron cuando enfoqué una zona libre al lado de las duchas, un buen lugar para montar una trinchera: fácil de localizar, con recursos y lo suficientemente alejado de los viaductos que montan los chiquillos, algo imprescindible si no queremos acabar sepultados en la arena.
Entonces, comencé con la maniobra de despliegue: comprobación de la posición solar, observación de la sombra, medición del viento, instrumentos para el ocio y cambio de uniforme. Ya sentada, entré en fase dos (la más complicada): aplicación de crema antiquemaduras con técnica contorsionista y adaptación del uniforme contra marcas blancas.
De ahí a la fase tres, transmutación total: duermo, luego no estoy.
Al menos, no en la Tierra.
Es una sensación extraña. Oyes, pero no escuchas y tus pensamientos se hacen tan reales, que parecen palabras dichas en voz alta. Tampoco llegan a ser sueños, se quedan en intentos.
Primero recuerdas lo que has hecho hasta ahora. En mi caso, la clase de la mañana, conversaciones, cosas que tenías que hacer y no hiciste...
Me cago en la...
Después pasas al presente inmediato: "Hay que ver, que bien se está aquí" "Ojalá fuera verano todos los días" "Es que no tengo ganas de pensar en nada" "Y hace tanta calor..." "Es increíble, soy una marmota"
De repente, llega el futuro: "Bueno, tendré que hacer algo con mi vida" "Qué será de mí dentro de diez años" "¿Seré por fin independiente?" "¿Me saldrán aletas de pez y podré recorrer los océanos con las tortugas?"
Y al final del túnel, la sabiduría: "Es igual. Total, vamos a morir todos. Mejor disfruta mientras puedas".

Oculta entre mis brazos, abro los ojos. Sigo siendo invisible.
Delante de mí, varias quinceañeras leen los horóscopos de la revista de turno. Vuelvo a aquellos veranos. Dios, qué feliz era. Tantas cosas por vivir...
A mi derecha un bebé empieza a berrear. No se quiere poner el gorro, le molesta la goma en el cuello. Me compadezco, a mí también me picaba. Empiezo a rascarme sin darme cuenta.
Reparo en el mp3 que me acompaña, suena Coldplay. Recuerdo una vez que compartí mi auricular con Bieito para que escuchara el disco. Yo estaba en la playa de Santa Cristina y él salía de entrenar. Se quedó conmigo mientras atardecía.
Qué curioso, ahora las mismas canciones me parecen melancólicas. ¿?. Será que suenan a ayer.

http://www.youtube.com/watch?v=fXSovfzyx28&hd=1

Cambio a las que le robé a mi hermano y me siento.

 http://www.youtube.com/watch?v=iKReWEnZJjQ

Bueno, esto ya está mejor ¿Más volumen?
OK
A unos treinta metros de mí hay un chico plagado de tatuajes al que conozco y no me apetece saludar.
No importa, ¡no me puede ver!

El caso es que es un buen chaval, pero va de macarrilla y no le pega nada. Es como si un chihuahua se pone a la altura de un gran danés. Me parece de cobardes fingir ser quien no eres. Es una equivocación.
Me invade la brisa del mar. Ahora mismo me iría a nadar un rato, pero no quiero dejar solas las cosas, así que aguanto. Aggg!
¡Hop! Vuelta a la parrilla. Todo sea para que no me vuelvan a decir que parezco una enferma. Hay que ver, qué falta de tacto.
De espaldas, escarbo la arena con los pies. Me encanta sentir el fresquillo de la parte húmeda en mis dedos.
Siempre acabo haciendo canteras. Es una forma de marcar mi territorio.

¿Seguirá Isa dormitando? Me dijo que la llamara cuando saliera de aquí. A lo tonto, a lo tonto, ya son las siete.
Mmmm... me da que va a bajar la bruma, hay humedad en el aire. Un poco más...

Los peques empiezan a darme la vara. Ya tengo aspecto de croqueta y eso que les puse indicaciones. Riesgos de la técnica del camuflaje. ¡Hostia, en el ojo!

- El cubito te lo vas a meter...

Calla, que tienes al padre al lado.
"¡¡Vigile a sus cachorros y deje de mirar para las tetas de las del top-less!!".
Y después la gente se extraña de que mueran niños ahogados en la orilla.
"Sí, eso es. Quítele la pala a Miguelito antes de que mate a leches a su hermano".
"Bienvenido, hombre, ya era hora". Ayysss...

Bffff... Tengo la revista de viajes de National Geographic.
Está en el bolso, pero tengo que estirarme para cogerla, atarme el bikini y aguantar el peso de mi cuerpo apoyada sobre los codos. Paso, demasiado trabajo.
Memoricé la portada. Australia... Noruega... Croacia...
"If I were a richman. Dubidubidubidubidubidubidubidáaaaaa..."
¿Por qué me hago esto?

Uy, sopla el nordés. Mala cosa. En cinco segundos la gente empieza a recoger: 1, 2, 3, 4...
Les faltó tiempo.
Soy un hacha.
"¡Hala, sí, písenme. Ya les hago yo de alfombra!"
Y digo yo, aunque no me vean, ¿no se darán cuenta de que el suelo está mullido?
Cuando me pasan por encima con las sillas de playa me queda claro.
Habrá que irse, fui bonito mientras duró. Se acabó la espiritualidad, ya no transparento más.

- Churriña, ¿estás ahí? -le pregunto a Isa vía móvil.
- Síiiiii... Acabo de despertaaarmeee... -me contesta.

Los de la playa dan un respingo asustados, como si vieran un espejismo:

- ¡Sí! ¡¿Qué pasa?! ¡¡Llevo aquí tres horas!! ¡¡Y usted deje de mirarle la delantera a las chavalas, que es padre de familia, por el amor de Dios. Se va a quedar ciego!!
- Perdona, guapa -vuelvo a dirigirme a Isa- ¿Paso por tu casa entonces...?

miércoles, 23 de junio de 2010

Mi filosofía

Hace ya unos días, mi amiga Geli me mandó un e-mail en cadena.
Normalmente no suelo mirarlos y antes de que alguien se eche las manos a la cabeza por mi falta de consideración, enumero mis razones:


1) No quiero tener que morirme por pasar de enviar un mensaje en el que se ve una fotografía de un cadáver, fantasma, ánima, aurora boreal o la suegra del fulano que lo envió, a nada menos que 500 contactos y a ser posible, en 10 minutos, si no deseo un final repentino y violento a manos de la mafia rusa.




2) Me siento como una estúpida cuando he perdido más de media hora para descargar y leer un archivo de Power Point, de unas 50 páginas, contando un chiste que al final, ni tiene gracia, ni sabes cómo ha acabado hablando de macarrones, cuando la historia empezó con un oso polar en el desierto del Sáhara.




3) También pienso en las fotografías que nunca debes ver si hay gente detrás de ti y estás en un ordenador público.

...

(Te doy tiempo para que visualices de qué imágenes hablo)

...

4) Bien. Pues eso es mucho peor cuando ése sitio es la oficina y el jefe se sienta a tu lado.




5) No me creo ninguna de las advertencias de que van a empezar a cobrar a los usuarios de Messenger o Hotmail... Ni la de los peligros de los tapones de PVC...  Ni la de que la Coca-cola es un alienígena en estado líquido, con el que hacen pruebas los americanos, para ver cómo se adapta a los cuerpos de aquellos que la beben. En esa misma línea, tampoco creo en el complot masónico, ni en el fin del mundo y no, Franco no está escondido en los Pirineos... En todo caso, veranea en Benidorm.


(fotografía hecha por Wakai, encontrada en www.pitodoble.com)


6) Amados amigos míos.
                                    Sé que me queréis, así que,                                                                    
                                                                             no malgastéis la mayor parte de vuestras vidas enviando
                                                                                                                           mails que lo demuestren.

Dejad que los hechos hablen por sí solos



7) Y acabo. Al hacer un reenvío sin ocultar las direcciones de correo poniéndolas en el apartado CCO del mail, facilitas la labor de la gente que se dedica a recopilarlas para que te envien spam, virus, malware o que te intenten timar dejándote la cuenta corriente a cero (phishing).




Aclarado todo, tengo que admitir que el mail de Geli (un enlace a un vídeo de Youtube), sí que era interesante de verdad, que me ha gustado muchísimo, que dice verdades como templos y que resume fantásticamente lo que para mí es mi filosofía de vida. Gracias, chuliña. Un beso.

sábado, 19 de junio de 2010

Derecho de réplica

Por convicciones propias no creo en ningún partido, ni en ninguna ideología, ni en ninguna religión, sólo aplico el sentido común. Aquel que se basa en que nada es blanco ni negro, sino que todo son matices diferentes de grises. Aquel que aconseja respetar todos los puntos de vista, porque, en conjunto, nos acercan a la realidad y nos ayudan a conocerla.
Dicho esto, sí hay algo en lo que creo profundamente, y es en las personas, en su capacidad de hacer que el mundo sea diferente si se lo proponen.


Ayer fui a una manifestación en contra de las medidas tomadas para paliar la crisis en España. Para mí, no fue un acto político, sino humano. Quise hacer uso de mi derecho a la libertad de expresión, por la que tantas generaciones pelearon ante las dictaduras, para avisar a los que están en el poder (grandes empresas, gobernantes y medios de comunicación) de que no soy idiota, que no pienso callarme y bajar la cabeza cuando las cosas están mal, que no me conformo con lo que me hacen comer cada día, a mí y a los millones de parados que sufren por sacar a su familia adelante mientras otros se enriquecen aprovechándose de las circunstancias.

Protesto, porque no están haciendo lo suficiente, porque se dedican a discutir y a pelearse entre ellos, en vez de pensar en los demás. Me cabreo, y quiero que conste en acta, porque si siguen dándole alas a los grandes grupos corporativos, llegará un momento en que nadie podrá pararles los pies y la precariedad laboral irá a peor, mientras el bienestar social cae en picado (derecho a una sanidad y una educación pública, derecho a percibir pensiones tras una jubilación que llegue antes de los 65, a las prestaciones por desempleo, a las subvenciones por discapacidad, a la jornada flexible para compatibilizar trabajo y familia, etc.)

La crisis surgió por algo, no se puede permitir que las cosas sigan como si no hubiese pasado nada. Debe haber límites eficaces y no vacíos legales para saltarse las normas.

Me parace francamente insultante que los sindicatos convoquen una huelga general para septiembre, cuando ya la tenían que haber hecho antes. ¿Qué pasa? ¿Dejamos pasar el veranito, para que todos vuelvan contentos y de buen humor? ¡Por Dios! ¡El país está paralizado, nos arruinamos en cadena! ¡¡NO HAY VACACIONES!!

Bueno, pues en esta manifestación éramos 300 personas. De toda la ciudad de A Coruña, sólo 300 personas.
Comprendo que la organizó el sindicato CIG, que está íntimamente ligado al Bloque, y hay mucha gente que no sigue esa corriente política.
¡¿Y qué?! Yo tampoco, pero son los únicos que decidieron hacer algo YA y no dejarlo para septiembre. Las consignas de las que se hablaron no fueron más que las que yo he expuesto aquí y en mi opinión, son más que evidentes para cualquier persona.

El problema es otro y radica en la comodidad. Ese pensamiento de que "Otros irán por mí a la manifestación, yo tengo otras cosas en las que pensar. Total, no va a cambiar nada". Pues no, las cosas pueden cambiar.
En Francia tienen otro concepto de la opinión pública, porque están más unidos y convencidos de que eso hace la fuerza. Sarkozy lo tiene muy en cuenta. Si da un paso en falso, sabe que la sociedad lo echará del Gobierno.


En España "ese fenómeno" ha ocurrido en otras ocasiones. La gente llenó las calles para acabar con el régimen franquista; para pedir la liberación de Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA; tras el desastre del "Prestige"; después del 11-M...
Lo que importa es decir que estamos aquí, que estamos dispuestos a todo y que marcamos el rumbo porque somos muchos y perseguimos lo mismo.
Por eso hago un llamamiento, para que nadie falte el 29 de septiembre, para colapsar las calles de todo el país, ejercer el derecho a que nos vean y nos escuchen. Que sepan que no somos una cifra, somos personas y los que están arriba trabajan para nosotros.

miércoles, 16 de junio de 2010

Isabel's world

El pasado jueves fui a casa de Isa a tomar un café. Llovía a raudales, pero quería pasar la tarde con ella antes de que se fuera a Lugo. Compré dos bollos en la tienda de la esquina, un xuxo de crema y una caña de chocolate y le di un toque al móvil para que supiera que estaba esperando a la altura de su portal.

Hasta aquí, nada fuera de lo normal. Una visita corriente como otra cualquiera.
Pues no, nada de eso.
Ir a ver a Isa es como meterse en la chistera de un mago, no puedes predecir lo que va a ocurrir.

En cinco minutos, una cabecita con dos trenzas "Rapunzel" salía por la ventana gritándome:

-¡Ya voy! ¡Espera!

Al rato volvía a aparecer con un carrete de hilo y unas llaves con un minipato colgando atadas a él.
La gente que pasaba por la calle miraba asombrada la escena mientras Isa iba desenredando la bobina y el "anzuelo" se acercaba a mi paraguas.

- ¡Lo que es no tener portero automático! -me decía.
Yo no podía con la risa.
- ¡Jo, es que antes, cuando las tiraba metidas en una caja, el pato se metía unas hostias del quince y ahora ya no hace cua-cuá!

Nota: El llavero de Isa es un pato de goma amarillo que tiene luz y sonido cuando aprietas un botón en el ala.

- ¡Las tengo! -le aviso.
- ¡Vale, pues ahora corto la cuerda!

El hilo se desprendió lentamente desde el tercer piso, cayéndome encima como si fuera una tela de araña. Intenté recogerlo, pero entre los pasteles y el paraguas no tenía manos suficientes, así que subí las escaleras con la maraña en el pelo, recién salida de la familia Adams.
Cuando llegué, Isa ya estaba atareada fregando cacharros y poniendo la cafetera en la vitro.

- ¡Pasa a la cocina! -me avisa.
- ¿Te interesa el hilo? -le pregunté señalándole mi cabeza.
- Jajajajaja. ¡Vaya pinta! Bueno, puedes hacer una madeja. Así me queda para otra vez, aunque es de cadena 100.
- Ya, se le nota. Tiene poca consistencia. Flotaba demasiado al caer -apunté como si fuera modista de toda la vida. Entretanto, metí el paraguas en la bañera antes de que naciera el lago Míchigan por generación espontánea.
- Je,je,je. Es mejor que arriesgarme a darle a alguien con las llaves en la cabeza. ¡Pero mujer, no tenías que traer nada! -protestó mirando el paquetito que dejé en la mesa- ¿No ves que tengo galletas para parar un tren?
- Es que... ya que pones tú el café...

Me senté en una banqueta para observar mejor la hiperactividad de Isa. A la velocidad a la que iba parecía la diosa Vishnu con sus cuatro brazos, dando vueltas por todas partes.

- ¿Viste que ya quitaron el nido?
- No digas
Desde la ventana de la cocina podía apreciarse un nido de gaviotas sobre el tejado de un desván. Tenían varios huevos y la pareja se turnaba para empollarlos.
- Sí, ya no vamos a tener gaviotitos.
- ¡Puf! Es que son una plaga. Yo tengo una orquesta sinfónica en mi tejado. A-a-a-a-a-a-a-a-aaaaá -entoné mi mejor graznido.
 -Ja, ja, ja. Ya estamos -dijo metiendo multitud de tazas y platitos en una bandeja- Podemos ir a la sala.

El café humeante se deslizó por mis pulmones. Siguiendo a Isa por el pasillo tenía la sensación de estar dentro de una casita de muñecas victoriana a la hora del té. Sólo nos faltaban los sombreros y los vestidos de lazos y volantes. "Y dígame, señorita Rose Mary, ¿qué opina de este tiempo horrible? ". En su lugar se oye:

- Bueno, cuéntame. ¿Qué has hecho hoy?

Empieza el monólogo. Se abre el telón. Isa se levanta, gesticula, hace comparaciones surrealistas, imitaciones, suelta tacos, dramatiza, exagera, sube la voz, la baja, pone los ojos en blanco... Lo daría todo por colarle una cámara oculta, pero no tendría tiempo, a la velocidad a la que se explica, me perdería algo importante y tengo que aprovechar mi turno de preguntas.
Es broma, yo también participo. En realidad, me encanta hablar con ella. No hay ni un solo tema que quede sin tocar, tampoco te faltan palabras y todo se hace en clave cómica. A veces está tan entregada que no se da cuenta de la de chistes que inventa por segundo.

- ¡¡¡Sí!!! ¡Es que es verdad! -te suelta al ver tu mirada pícara y no cae en que lo que te hace tanta gracia es su forma de expresarse.

Es adorable. Tiene el encanto de Audrey Hepburn y la gracia de Jack Lemmon. Imposible no quererla.
Creo que pusimos a parir a las compañías telefónicas, saltamos al feminismo, después le tocó el turno a nuestros padres (esos pobres desventurados camino a la vejez), de ahí a los hombres y sus comportamientos inexplicables, un poco de literatura y...

- ¡Dios! No puede ser. ¡¡En canal Hollywood están echando una de adolescentes de los 80!! -interrumpí.
- ¡¿Porkys?!
- No, es otra, pero me suenan los actores**.
- Desaparecieron todos, ¿te das cuenta? Estarán repartidos por series estadounidenses.
- Ya. ¿Te acuerdas del de "Los problemas crecen"? -le preguntó.
Tengo un serio problema para recordar nombres de personas.
- ¿Kirk Cameron?
- ¡Sí! Pues es telepredicador.
- ¿¡Qué dices?!
- Lo que oyes -y muevo la mano como las señoras.
- A dónde vamos a parar... ¡Mira y ése que sale ahí es el novio de la Srta. Topisto en "Luz de luna"! ¡Curtis Armstrong!
- ¡Buahhhh, "Luz de luna". No habrá llovido ni nada!
- ¿Y si la buscamos? Yo casi no me acuerdo -sugiere.
- Pues ahora que lo comentas...


* Durante tres segundos se ve mal, pero era lo que había en Youtube

- ¡Qué fuerte, Bruce con pelo! -replico asombrada.
- Ja, ja, ¡pero si ya tenía entradas! Jo, ahora, con las series que se ven, ésta pierde un poco.
- Pero en aquella época era lo más -constato- Yo me quedaba a verla por la noche, a pesar de que al día siguiente tenía colegio.
- Bueno, sólo había dos cadenas... -aclara Isa.
- Pero los diálogos eran muy buenos.
- Espera, ¡que tengo palomitas! -dice con ojos alegres.
La liamos
- ¡Hala, ya no ceno hoy!

Así pasan las horas, una detrás de otra. Cuando casi acabamos el primer capítulo (Megavideo sólo te deja ver 74 minutos online por día), le enseñé una noticia que había colgado en el Facebook sobre unos muñequitos minúsculos que se habían esparcido adrede en sitios emblemáticos de Madrid.
www.elmundo.es/elmundo/2010/06/04/ocio/1275648352.html

- Me encantan estas cosas -le confieso.
- Sí, a mí también.
- Rompen la monotonía... Después está lo de bailar todos a la vez.
- Qué dices -me espeta.
- Sí, hombre...



- Vaya. Oye ¿y esto del freezing?
Ese fenómeno por el que un gran grupo de personas se quedan paradas en la postura en la que estuvieran en un momento determinado durante varios minutos.



- Esto no se puede hacer en España -comento.
- Está claro. ¡La de monederos que se iban a ir! ¡Ayyy, qué pena!
...
...
... Nos miramos
...
...
- Oye, si nos dieran un programa de humor, ¡qué felices seríamos!
- Joer, el mejor trabajo de toda mi vida.

** La película, según averigüé más tarde, se titulaba "La venganza de los novatos", con Robert Carradine, Anthony Edwards, Teo McGinley y Bernie Casey.

lunes, 7 de junio de 2010

Coaching


 Carapuchiña dice que tengo futuro como coach.

Coach (palabra inglesa que significa "entrenador"): dentro de la rama de la publicidad y el márketing, define a aquel profesional que dedica todos sus esfuerzos a reforzar la confianza de los trabajadores a través de elogios y retroalimentación positiva basada en la observación, profundizando en sus destrezas y habilidades, para lograr el máximo rendimiento.

Casi me emociono.
Después de años y años buscando la luz en la más absoluta oscuridad con una linterna a la que le fallan las pilas, al fin, un cuasi reconocimiento a mi labor de minera. No podía creerlo.

- Eres mi reto personal -le contesté entre risas.

La verdad es que mi relación con ella es algo curioso. Carapuchiña se sabe de memoria todos los artículos de la ley de Murphy ("Si algo puede salir mal, saldrá mal") y piensa que era un optimista, mientras que yo, usando sus palabras, soy una guerrera salida del país del arco iris. Es decir, que somos completamente opuestas, pero no podemos vivir la una sin la otra, como el yin y el yang.
Unidas por un particular sentido del humor.
Así que cuando ella se empeña en ver cielos grises encapotados, yo estoy soplando para quitarle las nubes de encima. Las escaramuzas son tan enrevesadas que acaban resultando cómicas.

Pero no os creáis, es difícil defender mi papel. Una no tiene el "flower power" subido todo el día. Es una técnica que requiere sacrificio, constancia y dedicación. De hecho, mi tabla de ejercicios varía.

Para calentar suelo empezar con los informativos, una tanda de sucesos, miseria y destrucción; después siempre tienes la suerte de encontrarte a alguien dispuesto a amargarte: que si el país se derrumba, la cola del paro crece, "qué futuro tendrán los jóvenes", "y tú, que vas para 30..."; a eso añado las desgracias cotidianas, como rayar el coche intentando aparcar, que te cague una gaviota encima, pegarte andando la hostia padre en plena calle, un día de lluvia y delante de un grupo de escolares... ¡Malditos cabrones!

Así ya estoy preparada para atender asuntos más personales. Eso exige más concentración. Es fácil caer cuando ves a alguien que quieres pasarlo mal. Sin embargo, no soy capaz de huir, todo lo contrario, voy volando, como las abejas a la miel. Parece que me gustan los problemas, hasta que los resuelvo no paro.
Es mi otra profesión, colgadora de estrellas en noches de luna nueva.
¿Y cómo lo hago?

Bueno, depende. A veces sólo tengo que escuchar; otras, rapto directamente a la gente y la llevo a lugares inhóspitos donde puedan encontrar el sentido de su existencia a riesgo de perderla: entiéndase por ello acantilados, bosques solitarios, cosas de ese estilo (eso me funciona muy bien). También suelo invitar a esa persona a hacer algún tipo de actividad que no haya probado en su vida: participar en un festival friki, cantar en un karaoke, un obradoiro de gaita, aerobic en la playa. Siempre hay algo que hacer.
Después entran en juego mis impulsos, pequeñas locuras impredecibles. La última vez, cuando llevaba a mis amigas en el coche, aceleré de repente para coger todos los semáforos de la Ronda en quinta, bajé las ventanillas, saqué el brazo fuera, puse la radio a todo volumen y les dije que gritaran.



Juro que yo no bebo nada, soy así.

A pesar de ello, hay momentos en los que yo también me pongo triste. Entonces, no encuentro nada en mi libro de recetas, se me acaba la batería y me encojo en alguna esquina. Me ahogo, sin balsas a las que agarrarme y las tinieblas avanzan y avanzan, pero, de repente, suena el teléfono.



- Hola, ¿qué haces? ¿Te tomas un cafe? -es Carapuchiña o Isa o Elena o Catuxa o Bieito o Jose o Geli o Inma o Belén...

Y yo digo:

- ¿Por qué no?

martes, 1 de junio de 2010

Yo decido


He perdido la cuenta de las veces que he abierto la ventana. Este bochorno me mata. Estoy más desinflada que un balón de playa. Me pesa la cabeza y sólo quiero dormir.
Uaaaaaaaahhh...
Qué sueño, Dios. Así no se puede hacer nada. Mmmmm...
Estaba escuchando música, pensando en todo y nada a la vez.
Por ejemplo, en que tengo un lienzo en blanco detrás de mí, esperando a ser pintado. No es una metáfora, es en sentido literal. Mi madre quiere que le haga unos cuadros para el salón. Hace catorce años que no cojo un pincel, pero se ve que confía en mi potencial. Casi me entra la risa.
No, en serio. No se me da mal, pero lo fui relegando y relegando, por esos asuntos que consideras más importantes que otros (Ya lo comenté en otro post) y ahora voy a tener que sacar las telarañas de mi caja de óleos. Qué recuerdos.
Es curioso que a veces la vida tenga que dar un vuelco para que puedas valorar estas cosas.
Cuando trabajaba, no es que fuera infeliz. Hubo momentos mejores que otros, desde luego, como en todas partes, pero logré sentirme a gusto. Sin embargo, sin darte cuenta, vas ocupando tu tiempo libre y abandonando partes de ti. Fijas una meta y no paras hasta conseguirla, como los caballos, con parches en los ojos, ascender y evolucionar es lo único que persigues y no consideras que hay otros caminos.
Este año, en cierta manera, ha sido una liberación. Con 28, vuelvo a tener 18 y puedo volver a decidir qué hacer con mi futuro. Me pongo a estudiar diseño gráfico y ¡vaya!, no sólo me gusta, sino que me encanta. La idea era completar mi currículo y he descubierto una nueva profesión.
Y con ello me di cuenta de lo muerta que estaba.
Siempre había sido una persona muy activa, con un montón de inquietudes y puñados de ilusión y en algún punto, se perdieron. Por los horarios, la tensión, las preocupaciones, los sueldos bajo mínimos y las buenas ideas a las que nunca se prestó atención.
Pero aquí estoy, como una adolescente, disfrutando de las horas muertas.
Me siento como el verano en el que terminé la Selectividad, el sol por delante y meses para disfrutar.
Desde que tuve uso de razón fui la alumna perfecta. Curso por año, curso por año... Un suspenso no era una tragedia, pero sí algo que había que solucionar. Tenía que conseguir una media de notable para estudiar lo que quería -no sirvió de nada, saqué un siete y necesitaba un 8,65- y después, en la universidad, acabar cuanto antes mejor, para dejar de gastar dinero y empezar a producirlo. Mis padres nunca me presionaron para eso, era cosa mía.
Nunca fui un coco tampoco. Esos años los disfruté, pero es verdad que me exigía mucho.
Después, nada más salir, encontré trabajo y desde ahí, sin parar. Y de repente, te obligan a echar el freno y el disco se raya. Volver a empezar, cuando nunca lo has hecho, porque ibas lanzada.
Lo pasé mal, para qué mentir, pero me vino muy bien. Había olvidado aquello que me hacía diferente: las ganas, la chispa, la alegría, mi buen humor.
Ahora me estoy reconstruyendo. Aprovecho cualquier oportunidad para recordar lo que fui y más.
Los años pasan por encima de nosotros y no hay que dejarlos escapar.
Saldré adelante. Lo tengo muy claro.