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jueves, 9 de septiembre de 2010

La tarde para mí

Esta mañana la pasé escuchando discursos sobre prevención de riesgos laborales.
No, no estoy loca. Todavía no encuentro ninguna satisfacción en saber qué tipos de andamios hay, cómo debe ser el arnés para hacer trabajos en las alturas o conocer los efectos de una lista interminable de sustancias químicas, entre otras muchas maravillas. Sobre todo, cuando el curso que hago es de diseño gráfico.
Aunque bueno, quién sabe, tal y como están las exigencias en Infojobs...

- Así que Laura -comentaría el entrevistador- Licenciada, con máster, idiomas, cursos de informática... Conocimientos de diseño web, diseño gráfico, redes sociales, blogs... Mmmm... Todo esto está muy bien, pero... ¿sabe hacer el pino puente?
- ¿Cómo? -diría desconcertada.
- Sí, el pino puente. Verá, es que... No se lo tome a mal, pero son muchos candidatos y muy buenos, así que pensamos quedarnos con aquel que sea capaz de hacerlo. Es... simplemente una forma de descartar.

 Foto de Selena, publicada en http://esp.funiacs.com/fotos-comicas/18844/Gatita+gimnasta

- Ah, pues... no, no sé hacerlo.
- ¡Oh, cuánto lo siento...!
- Pero sé qué tipo de arnés se necesita para pintar una fachada.
- ¿En serio? ¡No me diga!
- Sí, y también sé cómo prevenir incendios.
- ¡Vaya! ¡Estoy impresionado!
- ¿Síii?, ¿me contrata?
- Bueno, pues... dadas las circunstancias, tendré que decirle que... no, no es lo que buscábamos, pero puedo asegurarle que la tendremos muy en cuenta. Es más, casi podría garantizar que la pondremos de finalista. Qué me dice.
- ¿De verdad? ¿De finalista? ¡Qué honor! Es lo máximo a lo que he aspirado hasta ahora.

En fin, esperemos que este diálogo nunca se produzca, por el bien de la humanidad, pero los riesgos laborales tengo que estudiarlos igual, quiera o no.
Es una iniciativa de la Xunta. Como desempleado puedes hacer cursos de formación gratuitos, pero también estás obligado a hacer un módulo de Igualdad, Medio Ambiente o éste de Prevención. Si no, no te dan el título.
Los dos primeros días fueron insufribles, para mí y para toda la clase, porque, aunque el aula tiene ordenadores, se colgó el acceso a Internet (#&%$=# compañías telefónicas), así que nadie sabía qué hacer para sobrellevar aquel soberano aburrimiento de cinco horas de leyes, normativa, etc.
Hoy, afortunadamente, los informáticos lo arreglaron y fue como un regalo caído del cielo. Hice tantas y tantas gestiones online que tenía pendientes, que hasta llegó un punto en que las tuve que inventar. Cualquier cosa por estar ocupada.
No es que no hiciera caso a la profesora, intervenía de vez en cuando, pero con un tema tan apasionante el cerebro parece expandirse y te pide más y más información paralela. Vamos, que puedo hacer varias cosas a la vez. Sin problema.
Pero, a lo que iba, que acabé tan saturada, que hoy me fui a pasear. Ahí se quedó el ordenador en casa, el cuadro al que ayer dediqué cuatro horas y el bloc de notas también, esta vez, con la enciclopedia encima.

- Me voy de tiendas -me dije.

Y fui a comprar tinta para la impresora.

Cobro el paro, tengo que evaluar mis necesidades y decidir qué es lo primordial, aunque -no voy a mentir- me guste la ropa.
Abrir el armario y decidir qué me voy a poner es un placer, como jugar a las mariquitas (muñecas recortables).
Los colores me motivan mucho. No me siento igual el día que me visto de amarillo, que el que llevo rosa. Pero hay que comprar "con xeito", es decir, con cabeza. Si no se puede, no se puede.
Pese a todo, una es coqueta y desfila por las tiendas capturando ideas. De momento, por mirar no cobran y la imaginación también viste.
Así que echando un ojo, aprendí cómo se pueden hacer flores con cremalleras, diademas con plumas, customizar una camiseta vieja con botones, aprovechar un coletero para decorar una chaqueta Y, reciclar temporadas pasadas y colarlas como -parafraseando a la Vogue- prendas IN.


 Mariquita recortable. Imagen publicada en: http://agrifonte.com/reinodelguisante/wp-content/guisantes/2008/02/mariquita.jpeg

Es más divertido eso, que tener cosas nuevas.

Sin embargo, estoy en contra de la catalogación social que supone "disfrazarse" de una manera o de otra.
Lo digo por la cantidad de gente que no es valorada o aceptada por su forma de vestir.
Hoy me crucé con una señora bajita y gruesa, con jersey a rayas violetas y verdes y una falda de tubo que le subía hasta el pecho, intentando que fuese atendida en unos grandes almacenes.
Después de pasar de ella varias veces, le contestaron de forma seca y rotunda y ni siquiera la miraron a la cara cuando le estaban cobrando.
Es una persona, aparte de su cliente, por las dos cosas se merece un respeto. ¿Qué memeces son ésas?
Pero así es, la imagen lo es todo, porque nos hemos vuelto idiotas.

Además, me preocupa sinceramente la mecanicidad de aquellos que entran en un centro comercial.
Hay padres que se olvidan de sus hijos. Me los he encontrado solos, a varios metros de ellos, mientras sus progenitores escarbaban en las gangas. Me gusta guiñarles el ojo y sonreírles, cómplice de su hastío. Cualquier día me los llevo, como el flautista de Hamelin. Después los devolvería, pero por lo menos que los padres supieran lo que es un susto, a ver si se daban cuenta de que un niño es una responsabilidad.

También vi a un chico en silla de ruedas, esperando solo frente a los probadores de mujer, cargado de ropa femenina, como si fuese un perchero.
Intentó moverse en el reducido pasillo para dejarme pasar.

- Perdona -me dijo.
- Tranquilo, voy por allí -contesté señalando otra parte.

Otras chicas no tuvieron esa consideración y pasaron delante de él, esquivándolo con dificultad y casi dándole con el bolso, porque allí había unas chaquetas "chulísimas".
Juro que ni le veían.

Y por último está toda esa tontería de tirar lo que ya no se lleva. Hay personas que vacían cada temporada el armario de ropa que está casi sin usar, porque ahora hay que ponerse pantalones pitillo, pirata, leggins o la funda de la plancha. ¡Pues yo los tengo normales, de tiro flojo y cintura alta! Son de los años noventa, muchísimo más cómodos ¡¡¡Y NO SE ME VE LA RAJA DEL CULO!!!
Si es que hay cosas incongruentes, por Dios, apliquemos la lógica.

Pero ante todo y en estos casos, como me contaron una vez mis padres, tengamos siempre presente que: "El hombre más feliz del mundo no tenía camisa".

lunes, 6 de septiembre de 2010

Septiembre

Desde que empezó el mes no paro de oír comentarios en contra de él. "Horror, es el fin del verano", "Se acaban las vacaciones", "Ya viene la lluvia", etc.
Yo no puedo opinar lo mismo. Para mí, es uno de los mejores meses del año.

 Playa de Nemiña (Fotografía publicada en: www.laxe.net/Laxe Excursion al Faro de Tourinan.htm)

El buen tiempo continúa, incluso es mejor que en julio. De hecho, cuando tenía que pedir las vacaciones en el trabajo siempre me quedaba con septiembre y en cinco años, no he tenido queja.
Además, es temporada baja, así que pagas bastante menos por el alojamiento y no tropiezas con turistas cada dos por tres.

Es mi mes viajero por excelencia. 

En segundo lugar, tras un agosto de parálisis total, el mundo empieza a moverse y con él, la actividad cultural. Vuelven las excursiones del Ayuntamiento, los talleres, el cine gratuito, las conferencias y mil y una razones más para no quedarse en casa.

También es el mes de las matriculaciones, en el que decides si entrar en la Escuela de Idiomas, hacer un postgrado (este año también hay subvenciones para parados), una nueva carrera por la UNED, cursos del Servicio Público de Empleo y derivados.

La agenda se llena de planes nuevos y mis revoluciones se disparan. Broum, broum!!!

Por otro lado, los niños vuelven al cole, con lo que los pequeños salvajes tienen cosas que hacer y no revolotean haciendo travesuras por la jungla.
Yo no tengo hijos, pero al lado de mi casa hay un colegio y la verdad es que me anima mucho abrir la ventana y oírlos berrear en el patio.
Cuando suena la sirena (siempre con alguna pieza de música clásica -cosas de la directora y que yo agradezco-) sé que son las once y media, hora del café; o la una de la tarde, y que mi madre estará a punto de llegar con la compra.

Tampoco me gusta que se acabe agosto y ¡zasca!, que venga el invierno de golpe. Nooooo... Septiembre está para que te despidas poco a poco, que disfrutes de algunos días más de playa, mientras te vas organizando. Es como un chicle, justo antes de que empiece a perder el sabor. Como no quieres que se acabe, lo masticas más despacio.
Los que empiezan a trabajar, pueden hacer cosas diferentes en sus días libres, para no romper del todo con el verano. Aún hay luz por las tardes hasta noviembre, las temperaturas ya no son agobiantes y los atardeceres son más bonitos.

Como el que estoy viendo ahora.

viernes, 27 de agosto de 2010

Mano negra

Mi bloc de notas, no me deja en paz. Me protesta todos los días:

- ¿Qué diablos estás haciendo? Cada vez estoy más lleno. Me salen las historias por las orejas. Y tú ahí, tan tranquila. Voy a tener que ir al médico por empacho de palabras, ¡pero nada!, ¡a ti te da igual! ¡¡Total, el que carga con el peso soy yo!! ¡Nada, nada! A seguir así, a vivir, pasando de todo, porque...

¡PLUM!

- Ahí tienes, los dos tomos de la RAE. Así te indigestes.
- ¡¡¡Mmmamndnamdnadasbdsuaf!!! -farfulla malamente.
- ¿Cómo? ¿Qué dices? Parece que no puedo oírte.
- ¡¡¡¡¡¡MAHFDJHFDJGSSFGFBFG!!!!!!
- Uyyy, me parece a mí que tengo una estupenda enciclopedia de la Historia de España que...
- ...
- Eso está mejor, vamos aprendiendo. Sí, sí.

Ayyy... Tiene razón, si en el fondo es a mí quien más me duele el estar así, sin poder escribir lo que quiero, pero el amor se interpone.
Bieito tiene que hacer un trabajo sobre la geografía regional gallega y le hace falta una mano negra, así que ya he restregado la mía en la carbonilla.
El pobre estudia Teleco y no se le ocurrió más que coger una asignatura de libre elección de la facultad de Historia que se podía aprobar con un trabajo, para quitársela de encima. Pero la redacción de los de ciencias no está al nivel de una persona de letras, así que le ha quedado para septiembre.

- Quiero tus reflexiones propias -le dijo el profesor- no datos copiados de un libro.

Y ahí entro yo, para echarle literatura al tema, mientras él prepara las dos troncales que le quedan para sacarse el título.
A estas alturas, buscando información sobre la economía gallega, la industria, turismo, demografía... Todo tiene que estar listo en dos días.
Sí, el señorito podría haber empezado antes, ¡pero es que ya lo hizo! Desde julio está con el dichoso trabajo y aún va por la mitad. Le cuesta un ojo de la cara sacar un párrafo a derechas y a este ritmo no está estudiando las otras asignaturas.

Aún por encima, estuve con migraña estos días y mañana tengo una boda.

- ¡Qué! ¿Te vale como explicación?
- Ñññññññññññ -gruñe mi bloc, pero ahora está más tranquilo.
- Y mi amiga Geli ha tenido el bebé, así que también tendré que ir a verlo.
- Mmmm
- Vas a tener que seguir acumulando historias.
- Mmmm
- Te voy a quitar los diccionarios de encima, ¿vas a estar callado?
- Mm -asiente como puede.
- ¿Mejor? -le preguntó retirando los libros.
- Está bien, pero al menos podías llevarme en un bolso más grande, que ese hippy que tienes me asfixia.
- El caso es protestar. Bueno, te meto en el blanco. Toma, engánchate el boli en las anillas.
- ¡No, eso sí que no! ¿¡Encima tengo que aguantar a este sueltatintas?!

- Eeeehhh, sim faltar -contesta el bolígrafo- que son militante do PSD de Portugal.
- ¡Aún peor! ¡De propaganda política!
- Parece me que vou chamar ao meu amigo o isqueiro* e imos ter boa feria** -amenaza el boli.
- ¡Bueno, son las cinco! Bieito me está esperando en su casa para hacer el trabajo. No he podido dormir la siesta por vuestra culpa y me tengo que ir, así que ya podéis callaros u os prendo fuego a los dos.
- Uuuuhhh... ¡Tranquila!, que aquí todos somos companheiros. Que bloco, imos ao saco?
- Iremos.
- Ffffff... Santa paciencia.

* isqueiro: en portugués, mechero
**feria: fiesta

miércoles, 25 de agosto de 2010

En la calle


Es una foto muy mala, la saqué hoy con el móvil mientras volvía para casa con Carapuchiña y Catuxa. Debatíamos sobre la lucha entre el grande y el pequeño comercio. El asunto surgió porque Carapuchiña vio, en un catálogo de un hipermercado, que vendían cuatro cinco barras de pegamento "Aguachinau" a un euro con algo, por la campaña de "Vuelta al cole".

- ¿Por qué tengo que comprar cinco barras cuando sólo voy a usar una? -protestaba indignada- ¡Nos están incitando al consumismo! Por ese precio podría ir a un kiosco y comprar una barra de pegamento Pritt.
Vale, me llevaría sólo una, pero tengo la garantía de calidad de la marca. ¿Quién sabe si esas otras barras van a pegar? ¿Y cuántos años tardaría en gastarlas? Podría morirme y seguiría teniendo pegamento, o no, porque a lo mejor se secan antes y no funcionan. ¡¡¡Qué sentido tiene todo esto!!!
Al final las compramos porque es una buena oferta y llenamos el carro. Si realmente lo necesitamos, es otra historia.

Desde luego, la conversación era interesante, iba sumida en ella hasta que lo vi.
Ese cartel de ahí arriba, el rojo, aunque no se aprecie muy bien su color.
"Vaya, aquí estás", pensé, "Cómo no. Tan oportuno".

No tengo ni idea de quien lo colgó, si es una iniciativa personal o empresarial, me da igual. El caso es que cada vez que lo veo, se me disparan las endorfinas.

Lleva tiempo ahí, es un viejo amigo de mis paseos por la ciudad.
A veces me olvido de él, porque voy por la otra acera para evitar comerme el humo de los coches (está justo al lado de un paso elevado de una de las avenidas con más tráfico), pero otras, el azar me lleva por su camino y el reencuentro vale por dos.

Es curioso porque da la casualidad de que cuando ando por esta zona siempre pienso en temas serios.
Será que desde ese lugar se ve el puerto y me pongo sensible. Entonces, levanto la cabeza y me lo encuentro de frente.

"Ríe y haz reír", qué sencillo y a la vez qué difícil,
pero ¡CHAS!, los dientes salen de repente,
sin proponérmelo.
                            Bobita perdida.


Por estas cosas, pagaría. Por esto y por las reflexiones de Carapuchiña.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Construya su propia pirámide

Hoy en clase el profesor habló de la pirámide de Maslow y analizó las necesidades que una persona debe satisfacer para lograr la autorrealización y la felicidad, según el nivel en el que se encuentre.
La teoría que este psicólogo humanista estableció en 1934 todavía se utiliza hoy en márketing a la hora de diseñar una campaña.


La escala puede variar en función de los intereses del individuo. Como comentamos en el aula, hay gente que valora más tener un Rolex de oro, que tener amigos, o a la inversa. En ello intervendrán otras variables como el tipo de educación que hayamos recibido, cómo haya sido nuestra niñez, nuestras experiencias... Pero normalmente tenderemos a cubrir primero las necesidades físicas e iremos ascendiendo hasta llegar a aspectos de corte psicológico, espiritual, etc.
También pueden darse interacciones entre varios estadios, por ejemplo, si nos sentimos inseguros, es probable que no podamos dormir. Todo está relacionado.

Bueno, pues después de escuchar la teoría, se me ocurrió pasar a la práctica y nada tenía ni pies ni cabeza.
Por más que miraba y miraba el triángulo, no encontraba mi lugar. ¿Cómo se puede establecer un esquema de lo que es o pretendes que sea tu vida?
Por ejemplo, yo tengo completos el primer estadio, el tercero y el quinto. ¿Cómo se come eso? ¿No tiene que ser una evolución natural? ¿o puedes ir a saltitos?
Y en mi caso en concreto, ¿por no tener todas las fases, no puedo ser feliz?
Anda-anda-anda

Yo no conozco a nadie que sea capaz de cumplir todos estos requisitos. Hasta aquellas personas que parecen tenerlo todo albergan un motivo de queja o de preocupación.
Nuestra necesidad innata de evolucionar permanentemente nos condiciona para sentirnos frustrados, hagamos lo que hagamos.

En cierta manera, es útil, porque gracias a ello no nos conformamos e intentamos cambiar las cosas para mejor. Crecemos mentalmente en ese proceso. Pero también es peligroso, porque podemos caer en la trampa de no saber disfrutar de nuestros logros.

Por desgracia, desde pequeñitos nos han preparado para triunfar y con el ansia de la juventud diseñamos un futuro maravilloso que es muy posible que no se cumpla. ¿Quién te enseña la derrota? Nadie, pero tendrás que lidiar con ella. Y en ese árido desierto, estarás solo, porque es una lucha interior.
Es aquí donde me peleo con la pirámide.

¡Claro que puedes ser feliz aunque te falten algunos escalones! Sólo tienes que saber qué cosas puedes cambiar para conseguirlo y cuáles no, qué es lo que depende de ti y qué no.

Vamos a ver. Vuelvo a ponerme a mí como base de mi argumento.
Yo no tengo trabajo, por lo tanto, no cumplo ni la zona 2 ni la 4.
Podría agobiarme, comerme la cabeza, dar vueltas en la cama, dejar de salir con mis amigos... ¿Pero eso alteraría mi situación?
Más allá de agarrar una depresión del quince, no.
Paso de rollos ¿Qué puedo hacer? 
Aumentar mi formación; seguir una política activa de búsqueda de empleo (estar pendiente de las noticias, las redes sociales, bolsas de trabajo, conocidos); cultivar mis aficiones -aportan más cosas de las que parece- y cuidar mis lazos afectivos, ya que son mi apoyo moral y mi motivación.
Aún así, no encuentro trabajo.
Vale, eso ya no depende de nosotros, son causas externas.


Estamos sumidos en una crisis económica que va a hacer esto muy difícil. No vamos a intentar tirar molinos de viento, pero es muy posible que al mantener la actitud positiva de antes, acabemos por salir del atolladero y a lo mejor, hasta nos cargamos una de las aspas.

Desde luego, hay que tener en cuenta que el camino para conquistar esos estadios de los que no disponemos va a ser largo, es conveniente hacerse a la idea, pero a cada pasito que demos, tenemos que hacer una fiesta. No hay que dejarlo pasar, porque tiene mucho mérito. Por insignificante que resulte, nos ayudará a seguir adelante cuando lo más fácil es retroceder y esconderse.

Además, pensar y tener en cuenta siempre aquello con lo que ya contamos, nos acerca mucho más a ese pico del triángulo. Aunque no coloquemos algunas piedras, podemos llegar hasta arriba igual.
Por suerte, todos guardamos algo que nos hace felices, disfrutar de ello sólo depende de nosotros.

sábado, 14 de agosto de 2010

Sorry. I'm late

 

Si me pusiera este logo en la camiseta, cuánto mejor me iría. "Lo siento. llego tarde".
Por lo menos me ahorraría el tener que pedir disculpas por sistema.
Soy un desastre. Es verdad, lo reconozco.
Me gusta ser puntual, pero también hacer cien mil cosas a la vez y claro, todo no se puede.

Esta semana se ha parecido a una película de Jim Carrey, ésa en la que el protagonista está condenado a decir que sí a todo, le guste o no.
A mí no me hacen falta condenas, ya soy así yo de espontánea.

Empecé el lunes llegando tarde al curso de diseño gráfico. Entro a las nueve de la mañana y da igual que ponga el despertador a las ocho. Abro un ojo, le digo "Ya voyy, ya voyyyy" mientras lo apago para que deje de protestar y me vuelvo a dormir.
Así hasta las 8.45, cuando miro el reloj y salgo en estampida buscando los pantalones para ponerlos al revés, maldecir los calcetines porque sólo tengo uno de cada par y resbalar con la alfombra por llevar los pies descalzos (¡¡¡"## &%$%=¬&!!!).

Me quedan cinco minutos para echarme agua fría en la cara, ponerme bien los pantalones, llamar al ascensor, aguantar la puerta de la calle abierta con un pie para oírlo venir y tragar un café cargado de golpe estirándome para llegar a la cafetera.

Un día de éstos tengo que enviar mi currículum al circo.

Cuando aterrizo en clase son las 9.15.
Porque soy una Räikkönen, que si no...


Normalmente, hay que hacer alguna práctica de dibujo o fotografía y el profesor deja un margen de dos días, día y medio... A mí me lleva una hora o dos.
Así aprovecho y busco trabajo, miro los mails, consulto LinkedIn y hago algún comentario en el Facebook. Si aún tengo un hueco, me pongo a escribir en el blog.
Todo para tener la tarde libre.

Pero para qué, para nada, porque nunca está libre.

Llevo toda la semana diciéndome "Tengo que pintar el cuadro. Tengo que pintar el cuadro", cuando desconecto, viene mi padre y me dice: "Tienes que pintar el cuadro".
Lo sé y quiero hacerlo, pero para sacar las pinturas, ponerme el mandil y hacer algo que merezca la pena necesito dos horas, dos malditas horas, Y NO LAS ENCUENTRO.

Esa misma tarde había quedado con Inma para llevarle a Geli los regalos para el bebé que va a tener. Venía a las seis a buscarme y quería dormir antes la siesta. Eran las cuatro y empezaba a coger el sueño.
Suena el teléfono, es para mí. Vuelvo a intentarlo, vuelve a sonar el teléfono, también es para mí. Cuando suena por tercera vez y es para mí de nuevo, es Bieito, que si me voy a tomar un café con él, antes de que se ponga a estudiar.

- No puedo, churri -le respondo resignada- Son las cinco y tengo que comprar unas cajas bonitas para meter los regalos de Geli en ellas antes de que venga Inma. ¿Me acompañas?

Ahí vamos, a una tienda de cajas. Torres enteras de estampados y formas diferentes. Evidentemente, las que nos gustan, de perros y gatos, están en el estante de arriba de todo.

- Creo que voy a llamar a la dependienta -sugiero arqueando la cabeza hasta el infinito y más allá.

Cuando llego a casa con las bolsas, justo después de despedirme de Bieito, me suena el móvil. Inma ya está en mi portal. Cargamos todo y nos vamos a Castro de Elviña.

Es la primera vez que una amiga mía tiene un bebé y somos cinco a regalar, así que le compramos: una cuna de viaje, un colchón, baberos, chupetes, mordedores, pañales, toallitas húmedas, crema, gel de baño, champú, un absorbe mocos -sí un absorbe mocos, al parecer los chiquitines no saben sonarse y no les valen los kleenex-, colonia, bodies y un bono de masaje relajante para la mamá.
...

Ya. Nos pasamos.
Nos pasamos tres pueblos, pero es que no entendemos mucho de bebés y mejor que tenga de más que de menos, ¿no?

En fin, que estuvimos carretando paquetes por las escaleras durante dos pisos hasta llenar la mesa del comedor de nuestra amiga.

- Pero mujeres, ¿qué habéis hecho? -nos compadeció mirando la columna de cajas.
- Eeeehhh... ¿regalo de bautizo también? -le pregunto a ver si cuela.

Después de unas horas desempaquetando y sacando fotos nos fuimos a tomar un té a la sala.

 

Geli tiene una tetera marroquí con vasitos de cristal de colores.
Cualquier cosa que salga de ahí sabe a gloria, pero es que además compra tés especiales al peso.
El de ese día creo que era pakistaní y tenía un regustillo picante al final que te espabilaba los sentidos.
Estuvimos hablando sobre el desconcertante mundo de la maternidad, un poco de política, periodismo... De todas esas cosas de las que hablan las mujeres y no salen en las revistas femeninas.

Entre medias, me acordé de que tenía que pegar unas piedrecitas en las sandalias que había comprado porque se me habían caído y Geli tiene una cola especial para eso, así que también hicimos manualidades.
El problema surgió cuando me di cuenta de que el pegamento tardaba doce horas en secar y tenía que volver a mi casa, a ser posible, calzada.

- Aquí pone que en tres horas ya empieza a fijarse con intensidad -aclara Geli.
- Bueno, pues esperaremos un rato -interviene Inma.

Nos quedamos parloteando hasta las diez de la noche, pero ya había que cenar.

- ¿Qué vas a hacer? ¿Habrán secado ya? -me preguntan.
- Malo será. Vamos a probar.

Las piedras estaban más o menos fijas, pero van sobre una tira que recorre longitudinalmente el largo del pie por el medio, así que cuando lo doblo para andar...

- ¡¡Aaaaaahhhh, Laura, qué haces, se te van a caer!! -me gritó Geli. Habíamos tardado media hora en arreglarlas.
- ¡Mierda, pues tengo que volver a casa!
- Te dejo unas chanclas, espera.
- No, que tengo que conducir y voy a ir incómoda. Calzas más número que yo. No te preocupes, intentaré no doblar el pie.
- ¡¡Pero cómo no lo vas a doblar!! -dice Inma- Es imposible.
- ¡Pues cómo va a ser, tendré que andar como los patos!
- ¿¡Qué!?
- Así, ¿no ves? -dije moviendo el culo a los lados, sin usar las rodillas.

Ambas estaban tiradas por los suelos.

- ¡Espera, que te grabo en vídeo! -se le ocurrió a Geli.
- ¡Ni hablar! -solté mientras corría por el pasillo de la casa lo más rápido que podía, empeorando la situación.

No podían con la risa.

- Tienes que bajar las escaleras.
- ¡Pues las bajo a saltitos!

Después de otro cuarto de hora siendo el pitorreo absoluto, llegué al coche.
¡JA, pero mis sandalias estaban perfectas!

Cuando entré en casa, la cena casi estaba lista. Aproveché para ir cerrando las persianas, preparar la ropa para el día siguiente y deshacer la cama.
"Hoy me acostaré a las once", me dije.
A esa hora me llamó Bieito, me preguntó por Geli, me contó sus aventuras en el club...
¡Hala, ya son las doce!
Me puse el pijama y me acosté. Iba a dormir, pero se me abrió el ojillo izquierdo:

- Y si leo un ratito... Un ratiiito -me disculpé a la vez que buscaba en la mesilla "El nombre del viento".

Dos capítulos más tarde...

- ¡¡Bffffffffffff!! ¡¡Las dos!! ¡¡$%&##, mañana no me saca de la cama ni Dios!! ¡¡Siempre igual, siempre igual!! ¡¡Y no he pintado el cuadro, ni he escrito en el blog, ni he ido a la tintorería y tengo que acompañar a mi madre a mirar un traje para la boda y recoger las gafas en la óptica y pasar por el Mercadona y...!! ¡¿6%&$")#, PERO QUE $%&## HAGO CON EL TIEMPO?!

Ahora sumad cinco días más a ese ritmo y entenderéis por qué estoy agotada.

viernes, 6 de agosto de 2010

Nos vamos de regata

El fin de semana pasado, Bieito participó en el Trofeo Teresa Herrera de traineras en A Coruña y por supuesto, fui a verlo remar.
No sólo por la obligación sino también por el espectáculo.
Al contrario de lo que mucha gente piensa, este deporte tiene numerosos alicientes para conquistar al público, pero por desgracia, en Galicia, ni se publicita ni se retransmite como debiera.
Tanto es así que, estando yo en medio del meollo de remolques y embarcaciones, mirando cómo se preparaban los clubs en pleno paseo marítimo, un niño que iba de la mano de sus padres le señaló a su hermana el barco de Amegrove, que llevaba el escudo de la Xunta y le dijo:

- ¡Mira, María, ésta es gallega. Ésta es la nuestra!


      Trainera de Amegrove: www.trainerasdelnoroeste.com/resultados.php?id_regata=804


El niño, al igual que sus silenciosos progenitores, desconocía por completo que todos los barcos que estaban allí eran gallegos, que en Galicia existe una liga de traineras y que el equipo que representa a Coruña, si eran de la ciudad, es As Xubias, que tiene una nave al final de la playa de Oza y que competía también esa tarde.

De repente sentí una profunda pena, porque llevo tiempo observando el gran trabajo y esfuerzo que suponen estas regatas, para las que entrenan durante todo el año.
Haga frío o llueva, si te acercas a la costa podrás ver a trece personas sudorosas, con las venas hinchadas por el esfuerzo, volcar su cuerpo hacia atrás de forma armónica, tirando de las piernas y los abdominales, sin descuidar la posición del remo, que debe deslizar el agua con fuerza para coger impulso.
Todos con la misma técnica, todos a la vez, al ritmo que marca la voz del patrón.

- ¡VAAA, VAAA, VAAA, LARGOOOOO...!

Rompe el sonido la noche del invierno, la música de las gaviotas en verano, peleando con las olas si hay temporal.
Se destrozan las manos, hasta que salen los callos y los coxis también sufren, apretados sobre el banco fijo, pero el resultado es monumental: no hay cuerpo más esculpido que el de un remero.
Puedo asegurar que todavía no he ido a Italia, pero he visto en vivo al David de Miguel Ángel.
Y las chicas no se quedan atrás, sin tanto músculo, se vuelven fuertes y esbeltas.

Pero aparte del interés físico, la pregunta más típica que le hacen a uno de estos deportistas es: ¿Y para qué tanto esfuerzo y sufrimiento?


Campo de regata Bandera de Santoña: http://santonaclubremo.blogspot.com/


Bueno, el remo, al igual que el ciclismo o el atletismo, es duro. Exige mucha resistencia, ya que hay que recorrer cuatro trayectos desde una baliza a otra, con una distancia total de 5.556 metros y saber cuándo "apretar" para hacer el mejor tiempo y rebasar a los rivales; pero pelear una regata implica mucho más.
Su desarrollo se puede aplicar como una metáfora de varios aspectos de la vida.
Cuando las cosas no nos salen bien y parece que nos quedamos atrás, tu cuerpo no responde y los ánimos flaquecen. El último largo es el peor, el desgaste es enorme y el esfuerzo, mayor; sin embargo, clavas el remo y sigues, aunque estés a punto de reventar, algo te impulsa hasta la meta.
Los remeros no conocen la palabra imposible, están acostumbrados a sobrepasar todos los límites para lograr su objetivo, en todo lo que hacen. El afán de superación lo es todo.

Además, también es un deporte con historia.




Antes de que llegaran las embarcaciones con motor, los marineros del Cantábrico y el Atlántico se juntaban para ir a pescar a remo los bancos de sardinas y anchoas, compitiendo con otros grupos para tener el privilegio de hacerse con ellos. La red que usaban se llamaba traina (de ahí el nombre del barco).
Después fue derivando hasta convertirse en las regatas de hoy en día, que sólo se disputan en el norte y noroeste de la península.

Por eso no puedo entender por qué no instalan una pantalla gigante en la playa que permita ver la transmisión de la regata, por qué no hay carteles que la anuncien a bombo y platillo y tampoco me cabe en la cabeza que no pongan a un comentarista especializado que sea capaz de comparar a los equipos y aplicar la misma intensidad cardiaca que se vive en los barcos.
En el País Vasco el panorama es muy diferente, se celebra la ACT, la "primera división" de traineras, disputada por cántabros, vascos y gallegos y el público se agolpa para conseguir un hueco en "La Concha" (San Sebastián), se hacen apuestas y los patrones llevan un micrófono que permite escuchar sus indicaciones. Se invierte mucho dinero porque la expectación es máxima.

En Coruña, el domingo, que remaron por la mañana, los transeúntes se paraban para verlos partir desde el arenal hasta mar abierto. Muy pocos estaban allí adrede, familiares, amigos y compañeros de equipo de los que participaban, pero pasada una hora ya había cientos de personas.
Los turistas se sacaban fotos con los barcos de fondo y la gente intentaba adivinar quién llegaría primero pese a que nadie narraba por altavoz el momento en una final muy disputada.
V Televisión, los domingos, a las 11.30 horas, hace un esfuerzo técnico, con helicópteros, zodiacs y varias cámaras para ofrecer primeros planos y panorámicas del acontecimiento, pero aún así falta mucho para llegar al nivel de la ETB.

En cuanto a mí, no dejaré de hacer campaña.

Más información en: www.todoremo.com