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lunes, 31 de enero de 2011

El difícil equilibrio entre vida profesional y vida privada

Estamos en febrero ya y todavía no he podido darme cuenta. Desde que empecé en la asociación no he tenido ni un segundo libre, más allá de lo que necesito para respirar.
Pensé que esta situación era sólo el principio, pero, por lo que veo, es la tónica común.
Me gusta lo que hago, sin lugar a dudas. Sin embargo, creo que el trabajo, sin tiempo para estar con los tuyos o algo más básico todavía, tiempo para ti mismo, para relajarte, poder leer, escribir, escuchar música... es malgastar la vida.

Hace poco, mi amiga Carapuchiña me recordó un chiste que ya había escuchado en otra ocasión.

Un hombre mexicano estaba en la playa, contemplando el mar. Tranquilo y apacible.
La estampa llamó la atención de un turista americano que pasaba por allí con ganas de hablar.


- Perdone -dijo interrumpiendo los pensamientos del hombre ensimismado-, es que tengo mucha curiosidad, ¿usted a qué se dedica?

- Soy pescador -contestó el mexicano con una sonrisa amable.

- ¡Qué trabajo más duro...! ¿Cuántas horas le dedica al día?

- Dos o tres...

El turista sorprendido y airado no pudo contenerse:

- ¡Pero... entonces...! ¿Qué hace el resto del día?

- Pues mire, yo me levanto tarde, pesco un par de horas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y al atardecer, voy con mis amigos a tomar unas cervezas.

- ¿¡Pero cómo hace eso?! ¿Por qué no trabaja más?

- ¿Para qué? -replicó el mexicano.

- Si trabajase más, en un par de años podría comprarse un barco más grande, pasado un tiempo podría montar una factoría, más adelante abriría una oficina en el distrito federal... Después podría montar delegaciones en los Estados Unidos y en Europa. Las acciones de su empresa cotizarían en bolsa.... ¡Sería usted inmensamente rico....!

- Y... ¿para qué? -volvió a preguntar.

- Bueno, al cumplir 70 años podría jubilarse, venir aquí, levantarse tarde, pescar un par de horas, jugar un rato con sus hijos, dormir la siesta con su mujer y salir al atardecer a tomar unas cervezas con sus amigos.....

Todo es una cuestión de equilibrio. Lo difícil es escontrarlo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Y ahora, qué

 Después de conseguir mi objetivo, trabajar ¿Significa eso que voy a abandonar el blog?

Noooooooo, bajo ningún concepto.

Me va a costar ser constante, pero nada más. Sigo recopilando historias, como las que se pueden leer en las hojas caídas de los árboles o entre los cristales de esta pequeña ciudad.
En lo sencillo, lo que pasa cada día por delante de nuestras narices, está la gracia de todo. Así que continuaré buscando pistas en la calle, huellas de hadas y gigantes entre las marcas de neumático quemado. Relatos de niños que aparecen de repente, sin llamar y situaciones ridículas que decoren mi currículum.
Siempre hay algo que contar, afortunadamente.

Esta semana creo que desarrollé una, dos, tres... hasta cuatro profesiones diferentes. En mi anterior trabajo, uno de mis jefes me llamaba Laura multifunción y no le faltaba razón.
Había que preparar un acto para más de 200 personas y éramos dos para sacarlo adelante en cuestión de 14 días. Un estrés. Me costaba hasta desayunar y eso que yo no paso sin mi bol de cereales ni de broma.
Por fortuna tengo un botoncito rojo en el ombligo que activo para estas ocasiones, "Sólo en caso de emergencia", pone en letras pequeñitas y funciona, vamos que si funciona. El demonio de Tasmania es una tortuga a mi lado. La parte mala es el desgaste físico que te crea después, me pasé casi dos días durmiendo, pero mereció la pena. Todo salió bien y la empresa nos dejó hacer puente en compensación.

Gracias a eso pude ir a ver a mi hermano cantar.
El alcalde inauguraba el alumbrado de Navidad y el coro de él era el encargado de ponerle música al momento. Hacía mucho frío. Mis padres, mi amiga Elsa y yo estábamos ateridos, esperando junto a un grupo de personas que miraban expectantes al palco, sin saber qué iba a pasar.
Yo llevaba mi gorrito años 30, regalo de cumpleaños y Elsa su abrigo polar. De vez en cuando, dábamos saltitos a los lados para entrar en calor, como los gorriones.
Pero entonces surgieron las voces de los chavales, que aparecieron sobre el escenario con gorritos de Papá Noel -mi hermano también, pese a sus 20 añitos-.
Bombillas azules y blancas iban decorando árboles y plazas. La noche se iluminó y un árbol gigante al lado del Obelisco se cubrió de luciérnagas. Fueron los primeros villancicos de diciembre, mucho mejores que los de los centros comerciales. Algo para recordar.



Creo que me va a gustar este mes de diciembre.

domingo, 28 de noviembre de 2010

¡¡¡¡¡ESTOY VIVAAAAA!!!!!

Ahora más que nunca, quizá demasiado. El subidón de adrenalina de estas semanas no tiene nombre.

¡¡¡¡¡¡¡TENGO TRABAJO!!!!!!!

Y no un trabajo cualquiera, un trabajo espectacular, de esos en los que te sientes completamente realizada porque puedes aplicar en él todas tus habilidades y sentirte útil por ello. 
Cuando eres consciente de que algo se te da bien, puedes conseguir muchas cosas y si además, te ponen desafíos en circunstancias límite, los superas -con un coste emocional bastante alto-, pero después recibes una oleada de felicitaciones por lograr lo que parecía imposible...





Sólo puedo decir que ahora sé lo que es volar en la pista de baile como Enrique Iglesias.

Se me disparan las neuronas y se multiplican por mil. Tengo que trabajar tanto que no tengo tiempo ni de ver los mails, ni de tener fines de semana libres y mucho menos de escribir este blog (lo cual extraño profundamente), me tardo en dormir porque pienso en todo lo que tengo que hacer al día siguiente, pero me gusta mi trabajo, ME ENCANTA.

Lo he pasado mal, es cierto, las primeras semanas -empecé el dos de noviembre y el proceso de entrevistas también fue desesperante- han sido un infierno de estrés y angustia porque no sabía si iba a poder cumplir los plazos que me ponía mi jefa, impuestos por una mala organización y chollo atrasado, pero una avalancha de amigos acudió en mi ayuda, sumando a mis dos manos unas treinta más; mi propia familia se volcó conmigo para llevarme en coche cuando fuera necesario, hacerme gestiones bancarias, recaditos varios o compartir mi desesperación cuando las cosas, en el último momento, se cayeron como un castillo de naipes. Pero después de todo, como en los cuentos, he tenido mi final feliz y ahora puedo respirar tranquila con la satisfacción de que me he superado a mí misma, sobrepasando mis capacidades y haciendo, ¡qué diablos!, ¡¡UN TRABAJO COJONUDO!!.

La que empezó siendo Cenicienta en esta aventura, ahora se ha cubierto de gloria y aspira a dominar el mundo. Nunca me había sentido tan bien. Hasta estoy pensando en crear mi propia empresa.
Soy más feliz que las endorfinas que genero.

Es verdad, no hay nada imposible. Después de un año en el paro, en el que la única esperanza laboral que podía tener era mendigar; de la noche a la mañana, tras un número incalculable de currículums enviados, cursos de formación y contactos revueltos, ¡¡me llaman del INEM!!
La única de las opciones para encontrar empleo que no estaba en mi lista (estaba apuntada, pero todos saben lo mal que funciona ese tinglado del Gobierno) y no para hacer de Mamá Noel en las fiestas, sino para ofrecerme un puesto de responsable de comunicación en una asociación sin ánimo de lucro, con un sueldo más que digno en los tiempos que corren.

Por cierto, sé que no lo he dicho, pero soy plumilla. Una plumilla fuera de lo normal y muy alejada de los clichés del periodismo, aunque eso sí, me encantan los sombreros de gánster.
Por esa razón, porque no sé vivir sin contar historias, escuchar a los demás, investigar y tomarme las cosas en serio; porque soy terriblemente sensible y nunca sería capaz de aprovecharme de nadie, ni de falsear la información para favorecer a los poderosos y empequeñecer al pueblo; no encajo con lo que los directivos de los grandes medios esperan de mí.

Así que mi sueño era salir de las leyes establecidas de la prensa y Crear, con C mayúscula, algo nuevo, en lo que la gente pudiese ampararse para intentar ser mejores cada día: más inteligentes, más críticos y más concienciados de que el futuro está en sus manos.
Quería llevar la ilusión allí donde hiciese falta, así nació este blog y así espero, desde mi asociación, seguir haciéndolo a una escala mayor.

¡¡¡¡¡¡¡QUE SE PREPAREN TODOS, QUE ALLÁ VOYYYYYYYYYY!!!!!!!!!

miércoles, 27 de octubre de 2010

A mi manera



Esto no es una canción, es mucho más que eso, una lección magistral de cómo hay que enfrentarse a la vida. Procuro tenerla presente siempre y forma parte de mi banda sonora, la que canturreo cuando me dejo caer por algún lado.
Me ayuda a tener la cabeza en su sitio, a saber lo que merece la pena y lo que no.
Así comprendo que los errores son habituales y forman parte del camino, que de ellos se aprende más que de los aciertos y que no se deben despreciar, porque uno a uno forman parte de ti y gracias a ellos eres como eres.
Me recuerda que el éxito no es la meta final, sino todo lo que hagas por alcanzarlo.
Por ella sé que un futuro predecible, es un futuro aburrido y que es necesario saber improvisar para disfrutar de las subidas y bajadas de tu presente, que es lo que tenemos delante de nuestras narices. Todo lo demás, afortunadamente, es incontrolable.
Tampoco dice que recorrer todas las etapas pendientes sea una tarea fácil, pero sí que nos compensará con creces intentarlo. Aconseja, pues, echarle pasión a cada instante, como si fuese el último, siempre fieles a nuestras convicciones y en la medida en la que nos lo permita nuestra imperfecta condición de seres humanos. A ser posible con humor, porque el tiempo le otorgará otra perspectiva a las cosas, por tristes que parezcan.
Pero sobre todo, lo más importante, y que según Frank, deberías tener en cuenta constantemente, es que, pase lo que pase, lo hagas siempre a tu manera.

martes, 26 de octubre de 2010

Jornadas de doce horas

Hoy me di cuenta de que el sol y yo tenemos el mismo horario laboral. Los dos nos levantamos a las ocho de la mañana y no paramos hasta las ocho de la tarde durante cinco días a la semana.
La diferencia está en que él trabaja también los sábados y festivos por amor al arte.
Yo le digo muchas veces, en la pausa del café, que por qué no se toma un descanso, que tampoco se va a acabar el mundo porque se quede en casa una vez, pero él me insiste en que si el ciclo de la vida, las estaciones... Excusas, la realidad es que se aburre mucho y le encanta la oficina, con sus nubes, sus pajaritos, su nieve y demás familia.
El caso es que después no creas que se rompe la cabeza, se queda ahí colgado, "IRRADIANDO LUZ", como dice él y santas pascuas
De todas formas, si el jefe no le suelta nada, yo no me voy a quejar, le tengo bastante cariño y ya que el pobre hace horas extra por el planeta adelante, pues también hay que tenérselo en cuenta.
Es un compañero un poco tímido, de esos que están ahí como si no estuvieran, pero cuando llega tarde por lo que sea... se le echa en falta.
Me acuerdo de una vez que me sentía fatal, de esto que estás sin ganas de hacer nada, ¿no? y no sabes por qué. Pues de repente, apareció él y surgió la motivación. Así sin más. Pero no sólo pasó conmigo, sino que a todos los que estaban a mi lado, ¡oye, les cambió la cara!
Es un tío agradable, no sé, tiene un don.
A última hora aún nos hicimos compañía... Bueno, en los últimos coletazos del día, ya sabes, cuando estás más cansado y parece que todo lo que dices se vuelve más trascendental.
Los dos miramos al horizonte y esperamos, como dos ancianos en un banco, sin decir nada, viendo la vida pasar.

- ¿Nos vemos mañana? -le pregunté.

No me contestó. En su lugar se fue y desapareció detrás de unos edificios, dejando sombras a su paso. Tan intrigante como siempre.
Da igual, me sé de sobra la respuesta.

domingo, 24 de octubre de 2010

Euskadi (Segunda parte)

Al día siguiente, por la mañana, nos levantamos temprano con la intención de volver a Zumaia. Desayunamos con las ventanas abiertas, escuchando el sonido de los pájaros. Las dueñas de la casa nos habían dejado sobre la mesa el pastel de bienvenida vasco, un bizcocho relleno de crema riquísimo. Cuando bajamos, nos estaban esperando con un paquetito:

- Toma, lo encontramos -le dijeron a Bieito.
- ¿Es el diccionario? -preguntó él ilusionado.
- Sí, es pequeñito, pero tiene las frases más comunes. No te va a hacer falta, de todas formas.
- ¡Anda, gracias! Es por curiosidad simplemente, por saber. ¿Cuánto os costó?
- ¡Nada, hombre, os lo regalamos! -contestaron riéndose.

La noche anterior Bieito les había preguntado si tenían un diccionario de euskera para saber dar los buenos días y ser cortés. Ellas se habían quedado sorprendidas y preocupadas diciendo que no íbamos a tener ningún problema, porque todo el mundo sabía castellano. Tuvimos que aclararles que queríamos aprender lo que pudiésemos por iniciativa propia.
Tenían los ojos como platos.

- Bueeeno, siendo así, no tenemos diccionarios de euskera-español, sólo de euskera, pero podríamos conseguirlo.

Debíamos ser los primeros turistas que les decían semejante cosa.
Bieito les comentó que entonces no importaba, pero al día siguiente habían bajado por la mañana a la librería del pueblo para dárnoslo.
Y fuimos nosotros los que alucinamos.

En el coche estuve hojeando el librito:

- Buenos días: egun on. Buenas tardes: arratsalde on. Por favor: mesedez. Gracias: eskerrik asko. Ya puedes ir memorizando, está claro que no viene del latín.

Algo sí aprendimos y la verdad es que dejamos a más de uno en ascuas. Era divertido ver cómo le brillaban los ojitos a los señores mayores después de que nos indicaran en castellano donde quedaba tal calle y haberles dado las gracias en euskera con acento gallego. Con su ayuda, pudimos llegar a ver los flysch de la zona. Se llaman así a los pliegues que hace el mar en los acantilados, como si fuesen arañazos o páginas de un libro cerrado. En los estratos más antiguos se encontraron restos del meteorito que extinguió a los dinosaurios.

 Flysch de Zumaia, con la marea baja. LGP

Hay una ruta que sale desde el centro de interpretación de Zumaia y bordea la costa hasta Deba. Nosotros no llegamos tan lejos, pero bajamos a ver las hendiduras aprovechando que estaba la marea baja.
La majestuosidad del paisaje se imponía allí donde miraras.

Junto con nosotros, una excursión de niños buscaba camarones y cangrejos entre las pozas, donde se quedaban atrapados muchos animalitos.

- ¡¡¡¡UN PULPO. HE ENCONTRADO UN PULPO!!!! -gritó un chaval.

Enseguida se formó un corro alrededor de él. Los niños más valientes intentaban agarrarlo, pero las ventosas se adherían a sus manos y recuaban ante los gritos de las niñas.

- Pobre pulpo -dijo Bieito- Non sabe a que lle espera.

Nosotros vimos caracolas del tamaño de una mano y cangrejos ermitaños.

 Vista general de Guetaria. LGP

Después de pasear por el pueblo seguimos por la carretera del mar hacia Getaria, pasando por los túneles excavados en la roca y sin dejar de oír las olas. Allí nos tomamos un café en el puerto, al lado de la playa, con vistas a la isla y a la muralla que bordea el lugar.
La siguiente parada fue Zarautz y su kilométrico arenal naranja lleno de surfistas. Nos llevó media hora recorrer todo el paseo, poblado de hileras de apartamentos para turistas y restaurantes como el de Arguiñano, justo en medio de todo.
Me llamaron la atención las esculturas que aparecían cada cierto tiempo por el camino, ofreciendo otras perspectivas del mar. Allí comimos un bacalao a la vizcaína que me supo a gloria.
Tras eso, callejeamos por el centro en busca del club de remo, pero no hubo suerte, el local estaba cerrado.

 Zarautz. ISP

Continuamos nuestro viaje hasta Orio. Ya pegado más al río, el pueblo tenía un aire diferente, menos turístico. Había un montón de fábricas de todo tipo, pero es que en ralidad ésa es la tónica general del País Vasco. Puedes encontrar madereras, conserveras, naves dedicadas a la cerámica, a la siderurgia... surgen como setas en el bosque, en cualquier momento.
De hecho, en Aizarnazabal, donde alquilamos la casa, nos dijeron que el pueblo estaba creciendo porque los jóvenes vivían de la fábrica que había allí y no se mudaban a la ciudad.
Un tejido industrial envidiable.

De todas formas, el casco viejo de Orio es medieval y tiene un montón de callejas empinadas y casas blasonadas de piedra anaranjada, así que tampoco le falta encanto. La mayoría de los escudos hacen referencia a la navegación y muchas familias están emparentadas con almirantes o marinos.
Bieito estaba emocionado, pero el calor empezaba a afectar a mi tensión y tuve que tomarme un café. Era demasiado tute para un día y aún nos quedaba por ver San Sebastián.
Buscamos un sitio a la sombra con una terracita y descansamos al lado de los árboles. Detrás de nosotros un corro de señoras se abanicaba mientras hacían la crónica social:

- ¡Esta mañana vi a Zutanita!
- ¡Zutanita!, ¡cuánto tiempo!
- Bajó del monte a ver a la madre. ¿No sabes que desde que se casó vive allá arriba?
- ¡No sabía que se había casado!
- Sí, con un chico muy agradable de Donostia que es abogado y se mudaron. La madre está muy contenta.
- ¿Ésa no era prima de Mengana?
- Noooo, tú te confundes con Citana, que es la de la farmacia. Ésa está muy malita, estuvo varios días en el hospital...

Mientras nos reíamos a hurtadillas, a Bieito se le ocurrió preguntar a la camarera por el club de remo de Orio.
Ésta sonrió orgullosa y le contestó que lo sentía mucho, pero que el club estaba en obras y que sería imposible localizar a los remeros ahora.

Foto publicada en: http://licemar.lacoctelera.net/post/2010/03/11/regatas-traineras

- ¿Será posible que non dou unha? -se lamentó Bieito.
- Ya te dije que tenías que haber entrado en el de Zumaia.
- En fin, xa probarei sorte con Bermeo. ¿Marchamos logo?

Con el GPS no fue difícil llegar al centro de Donostia, pero la verdad es que había mucho tráfico y Bieito iba un poco tenso. Nada más entrar nos quedamos sorprendidos con la elegancia de los edificios que a mí me trajeron recuerdos de París. La temperatura era muy agradable y la gente paseaba por todas partes.
Era una ciudad en toda regla, veraniega y señorial.

- Mira, aquí hay un sitio para aparcar.
Estábamos justo al lado del Kursaal.
- A ver se me cabe -me dijo Bieito.
Después de maniobrar, satisfechos, abrí la puerta.
- Jjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj
- LAURA, QUÉ FIXECHES!!!
- Ups, es que la acera está bastante alta... -dije como una niña pequeña.
- FODICHES* A PORTA!!
- Nooo, sólo la esquinita -continué pestañeando.
- Joder, ¡se nota!
- Bueno, así estamos en paz -si no funciona, hay que cambiar de táctica.
- Como que en paz?
- Te recuerdo que tú te cargaste la defensa de mi Renault 5 golpeándola contra un poste (primera pulla)
- Foi sen querer!
- Y esto también, pero la diferencia es que esto no se nota y a mi Renault le faltaba un buen trozo (segunda pulla)
- Mññññññ. Dios mío, vólvesme tolo**. Como podes ser tan patosa?
- ¡Patosa! Tiene gracia que me lo diga el que choca contra las farolas (tercera pulla y estocada final)
- Iso xa non me pasa!
- Jajajajajajajajaja (la victoria es mía).
- Que muller, Que muller...!! -exageró riéndose.

*Fodiches: en gallego, jodiste
**Tolo: loco

Contentos, caminamos al azar por las que deberían ser las calles principales del centro, en busca de la playa de La Concha. Pasamos por la estación, el teatro, las grandes tiendas bajo la arboleda y el ayuntamiento (el antiguo Gran Casino), hasta llegar al paseo marítimo.

Fotografía de Sergio. Publicada en: http://www.fotolog.com.br/sergiofoto/50504446.


- Bueno, aquí la tienes. En este sitio es donde se hace la regata de traineras más importante de España.
- É bastante pechada*

*Pechada: cerrada

Efectivamente, el arenal era ancho, pero después la costa se estrechaba a la izquierda y a la derecha, como si los dos montes que lo coronaban se quisieran juntar, y en el medio de ellos, había una isla. El esquema, visto desde el cielo, tendría el aspecto de una concha, justamente. Como Bieito decía, ofrecía la posibilidad de coger buenas empopadas.

 San Sebastián. LGP

Esta vez, la marea estaba alta y sólo se veía una fina línea de arena donde aún había personas aprovechando los últimos rayos de sol. Las ventanas de los edificios adyacentes reflejaban con fuerza la luz, como en Coruña.
Tras recorrer la mitad del paseo, me pareció ver una aguja gótica a lo lejos y arrastré a Bieito hacia el interior de la ciudad. No fue difícil encontrarla, la catedral del Buen Pastor es de estilo alemán y sorprende por su gran altura y sus enormes vidrieras, aparte de la decoración de gárgolas y pináculos. Había un montón de niños jugando en la plaza.


A partir de ahí, seguimos callejeando. San Sebastián es muy bonita y luce mucho. Como me había dicho mi amigo Jose, se notaba que la reina María Cristina le había hecho mucha publicidad cuando veraneaba allí.
Pero se estaba haciendo de noche y aún teníamos una hora de coche por delante, así que tuvimos que decirle adios, con la pena de no haber pasado allí el tiempo suficiente.

- Que lle imos facer, non podemos abarcar tanto. Xa volveremos noutra ocasión.
- Bueno, tenemos una perspectiva general, aunque estoy hecha polvo.
- Non contaba con tardar o que tardamos.
- Es que hay mucho que ver.
- E mañán que toca?
- ¡Vizcaya!

(Continuará...)

miércoles, 20 de octubre de 2010

Euskadi (Primera parte)

Durante el puente de octubre fui con Bieito al País Vasco. Era la única zona del norte de España que nos quedaba por recorrer y aprovechamos los días libres para fugarnos.
Contábamos con poco tiempo y muchos kilómetros por delante (Bieito quería ver los clubs de remo de los pueblos costeros, además de Bilbao y San Sebastián), así que fue un viaje INTENSO.

Además, la carretera que sigue la costa no es lineal, sino que entra y sale constantemente, siguiendo los recortes de los acantilados.
Por momentos, llegué a sentirme como una japonesa: foto-vuelta al coche-foto-café-vuelta al coche...
Pero ahora tengo una percepción general de Euskadi y sé que me encantaría volver.

Nos alojamos en Aizarnazabal, en el interior de Guipúzcoa, en una casa preciosa con vistas al entramado de montes verdes tan propios del lugar. Yo quería hacer senderismo hacia el interior, pero teníamos que dejar otras cosas sin ver, así que quedó para otra ocasión.
En media hora llegamos a Zumaia, una villa preciosa con muchísimo ambiente. Todo el mundo hablaba euskera y fue toda una experiencia escucharlo. Sonaba a antiguo y resultaba extraño, como si volvieras atrás, a los pueblos anteriores a los celtas y ellos convivieran ahora contigo en la edad moderna.

 Vista de Zumaia. LGP

Seguimos el puerto, donde muchas personas llenaban las terrazas mirando al mar. Las casas eran chalets edificados al estilo tradicional vasco, es decir, con las vigas de madera en la zona del tejado al aire. Un tejado ancho y triangular y con balconadas de madera pintadas de color (verde, azul, rojo...).
También había casonas modernistas, muy bonitas.
Todas se alternaban en un paseo ancho de árboles frondosos. Siguiéndolo, te internabas en el dique, hasta casi encontrarte en medio de las olas, debido a su extensa longitud.

Curioseando nos colamos por una calleja persiguiendo una melodía que nos atrapó. Era un sonido de flauta, alegre y melancólico a la vez. Una sombra lo proyectaba en el acantilado mientras atardecía, acompañado por la luz del faro. Sentí un escalofrío. Hay momentos que sólo vives una vez y ése era uno de ellos.
El chico sintió nuestros pasos y se levantó, dejándonos sitio para ver el mar, a la vez que guardaba el instrumento.


Nos quedamos allí un rato más, medio tontos, mirando el paisaje. Después bajamos al casco viejo, callejeando atentos al torreón iluminado de la iglesia medieval.

- Va a ver que venir mañana a verlo con luz -le dije a Bieito.
- Pois si, es precioso.

De camino al coche vimos luz en el club de remo de Zumaia.

- ¡Eeeeehh, están ahí! Pasa y habla con ellos.
- ¡Puf! E que lles digo? -me preguntó metiendo la cabeza por la puerta para ver las traineras.
- Pues que eres un admirador gallego, jejejeje. Que si te pueden enseñar el club.
- Mmmm... Creo que hai só un par deles. A tempada de regatas xa rematou*.
- Bueno, pero lo intentas.
- Non sei, mellor noutra ocasión, a ver se hai máis xente. Agora ao mellor están co ergómetro e moléstolles.
- Jejeje. Está bieeen, en otra ocasión.


El primer día ya prometía. (Continuará)

*rematou: acabó